III.- Angustia
Al llegar a la cocina escuché a lo lejos los ladridos emocionados de mis cachorros, seguido por los pasos de Hyde que había corrido tras mío. Después de todo comió en la cocina, escondiéndose tras el mesón cada vez que me escuchaba acercarme a ver, pero siendo delatado por los perritos que lo rodeaban a cada momento. Luego de asegurarme que había comido, me fui al gimnasio por unas 3 o 4 horas, aún faltaban muchas cosas por repasar y me había entretenido demasiado tiempo con él y los cachorros, por lo que el día siguiente presentía que sería de mucho más entrenamiento. Cuando hube despedido a todos mis compañeros de staff, me encontré con un Hyde que en su rostro mostraba molesta e incomodidad; su pelo mojado y ropas limpias me dijeron el por qué de su expresión, por lo cual no le hice comentario alguno. Apenas le dije que me iría a bañar, emprendí el camino escaleras abajo, siendo seguido por Angie, quien no perdía su oportunidad de acompañarme a todos lados. Entró corriendo al amplio baño, pero cuando estuvo desprevenida, la tomé con cuidado, dejándola fuera, recibiendo sus reclamos con rasguños en la puerta y lloriqueos, sin embargó debía empezar a ser más estricto con ella, pues no siempre iba a poder estar conmigo y mucho menos debía andar dentro de la casa haciendo y deshaciendo a su deseo. Me bañé y cambié lo más rápido posible; a pesar de que estaba adolorido, lo que sentía no se comparaba en lo absoluto a como me siento al terminar cada concierto.
Sentado en medio del living y leyendo seriamente un libro, lo encontré. Me senté a su lado, observándolo hasta que volteó su mirada hacia mí, con expresión serena, lo cual me pareció muy sospechoso.
- Gacktchan, tienes muchos libros interesantes. -Me dijo aún sereno y con un dejo de felicidad en su voz.– Y la mayoría aún no me los prestas; también tienes muchas películas que no he visto.
- Sí, ¿Y? –Aún no sabía a donde quería llegar con sus comentarios.- ¿Qué tiene eso de relevante?
- Es que… tal vez ahora puedas prestarme los libros interesantes o ver tus películas, ahora que… estoy así y tendré más tiempo libre… -Dejó de hablar al ver mi cara de incredulidad, observándome con mirada interrogativa al principio para luego cambiarla por una de súplica.
- ¿Que qué? ¿Más tiempo libre? –En ese momento caí en la cuenta completamente de lo que quería decir. - ¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡¿Acaso quieres quedarte el resto de tu vida plantado en mi casa escondiéndote de todos?!
- No te molestaría, lo prome…
- No es que me moleste, ¡El asunto es que no puedes quedarte así, sin luchar por recuperar tu cuerpo, tu identidad! –Le solté mientras le quitaba el libro de las manos y lo lanzaba al sillón de al frente.
- Uhmm… sí, lo sé pero es que… ¿Tenemos que ir? ¿En verdad tenemos que ir? –Dijo con tono entre enojado y suplicante.
- Sí, debemos ir y aclarar todo esto. De nada servirá aplazar más y más el momento, sabes que debemos ir a hablar con ella para hacer que vuelva todo a la normalidad. –Él sOlo desvió su mirada de mi rostro para dejarla caer en el juego de ajedrez frente a sí, sin mostrar interés en él.
- Sí, tienes razón… –Masculló desanimado y bajando su mirada hasta sus manos quietas en su regazo. No me gustaba verlo así de triste, mas debíamos ir a esa casa llena de malos recuerdos que aún le hacían daño.
- ¡Oh, vamos! no te desanimes, pronto volverá todo a la normalidad. -Tomé su hombro para darle fuerzas, pero su mirada siguió igual.– Ehm… Si te consuela, puedes elegir el auto en el que iremos. – Traté de decir con ánimo, logrando que su mirada me enfocara nuevamente, sin embargo ésta estaba llena de incredulidad, alejándose nuevamente de mí con un dejo de malhumor.
- El auto en el que iremos... -Masculló por lo bajo y de mala gana.-...Pero... pero aún no vayamos, tengo el pelo mojado…
- Sí que eres malo para inventar excusas… -Cmenté con paciencia, estirándome frente a él para tomar la toalla blanca que había dejado a su derecha.– Podrías haber dicho que los cachorros se quedarían solos, o que tal vez no estaría en casa a esta hora… -Me volteé para secar su pelo con suaves movimientos, y cubriendo por completo su cabeza con la toalla.
- Síp, soy muy malo creando excusas... –Comentó sin interés, con un tono de voz muy parecido a su real tono.
Tomé una punta de la toalla y la levanté para fisgonear su rostro como si lo hiciera a hurtadillas, ¿Tal vez ya estaba volviendo a la normalidad? Tenía una leve esperanza de que todo este lío desapareciera tan extrañamente como llegó, ahorrándole el mal rato al ir a ver a Megumi; pero eso era demasiado bueno para ser verdad, puesto que nada podía solucionarse solo, además él seguía siendo una chica. Su semblante se veía serio, no le había hecho gracia mi gesto; su boca estaba levemente tomada en una mezcla de puchero y mueca de desánimo, por lo que seguí secando su pelo, dejando caer la toalla en su posición anterior.
- Entonces ¿Ya has elegido el auto en el que iremos? Puedes elegir cualquiera menos el trans rojo. -Lo menos que quería era que llamara la atención corriendo a toda velocidad o que se arrancara con mi auto preferido.
- ¿Eh? ¿Por qué? Tú dijiste que puedo elegir cualquiera, no es justo. –Se hundió en el sillón, cruzándose de brazos, taimado como solía mostrarse cuando le negaban algo; entonces ¿Tenía pensado elegir al trans para que saliéramos? Era lo más probable.
- Porque debemos ir en un auto discreto, lo menos que quiero es caer en el camino de algún paparazzi. –Si los chismosos paparazzi llegaran a enterarse de todo esto sería nuestro fin, aunque no dejaba de preguntarme cómo podrían entender todo aquel asunto.
- ¡Ja! ¿En serio crees que tienes un auto “discreto”? –Retiró la toalla de su cabeza para luego acentuar con la voz, y con la mímica de comillas con sus manos, la palabra “discreto”. Su frente se arrugó de forma divertida cuando alzó sus cejas.- Yo quería ir en la nave espacial...
-¡Hey! Si tengo autos discretos… ¿Cómo crees que salgo cuando tengo tiempo libre? –Traté de mostrarme enojado por su comentario, pero el que llamara nave espacial a mi trans hizo que se me escapara una sonrisa y un dejo de risa.
- ¿Tienes tiempo libre? -Preguntó incrédulo, sonando ahogada su voz bajo la toalla.- Porque siempre te veo ocupado con mil y una cosas, y si no tienes tiempo libre significa que no tienes auto discreto para salir en tu tiempo libre. ¡Ah! -Sequé su pelo fuertemente en forma de represalia por lo que había dicho.- ¡Deja de hacer eso! –Era divertido como sonaba su voz, como si fuera en un auto por un camino pedregoso.
-Te lo ganaste por insolente. -Reí mientras él intentaba zafarse de la toalla que estaba cubriendo por completo su cabeza y de mí que lo estaba dejando todo despeinado.
- ¡Ah! ¡Gacktchan, suéltame! –Seguía forcejeando conmigo mientras me reía de él, pero ya debía dejarlo por hoy.
- ¡¡Sha- Shaan!! ¡Tú pelo ya está seco! –Le quité la toalla para luego con mi mano derecha tomar su pelo y llevarlo casi por completo hacia un lado, dejándole un peinado divertido y algo estrafalario sobre su frente.
-Hey… no tenías que ser tan molesto. –Me reclamó, arreglándose el pelo mientras me clavaba una mirada de completo disgusto.
- Ah… pero tu pelo ya está seco, ¿O no? -Él sólo me siguió mirando con odio.- Por cierto, nunca te pregunté por qué te teñiste rubio de nuevo… -Lo quedé mirando mientras él se arreglaba el pelo distraídamente.
- Uhmm… es verdad… -Respondió aún distraído y con voz apenas audible.
- Entonces, ¿Por qué? –Mi pregunta al parecer lo pilló por sorpresa, pues se quedó con una mano en medio de su claro cabello, la cabeza ladeada y su ojos abiertos sorprendidos e interrogativos.- ¿Por qué te teñiste rubio de nuevo? -Pregunté nuevamente, rodando mis ojos.
- Ahmm… ¿por qué?.... No lo sé, quería un cambio y recordé que me gustaba como me quedaba así. –Tomo un mechón de su peló y lo miró por un buen rato, para luego seguir con su labor de ordenar el lío que había dejado como su cabello.– De repente me dieron ganas de jugar billar ¿Quieres jugar? –Y se levantó con ánimos ya casi dirigiéndose hacia la habitación donde estaba mi mesa de billar.
- No, debemos ir antes de que se haga tarde. –Me levanté para llevar la toalla a la secadora.
- Pero ¿Hace cuánto que no jugamos billar? ¿Eh? Recuerda que me debes una partida. -Se quedó donde estaba, mientras yo lo escuchaba a lo lejos.
- Lo sé, pero debemos ir Hyde, deja de usar el billar como excusa…-Y había vuelto a las excusas.
Realmente no sabía si no quería ir por miedo a que Hyo lo viera así o porque en verdad era demasiado doloroso volver a verla, luego de esta última estocada que le había dado.
Me sorprendió el silencio, no escuchaba a Hyde desde donde estaba, por lo que tiré la toalla en el cuarto de lavado y volví al lobby. Lo encontré de pie donde lo había dejado, apretando los puños y con decaídos ojos. ¡Maldita sea! Todo este asunte me tenía realmente de mal humor. Cuando por fin se estaba librando de la molesta carga inservible que era su ex- esposa, tenía que dañarlo una vez mas. Me acerqué a él y pase mi brazo sobre sus hombros fraternalmente, tratando de animarlo.
- Ah... ¿Vamos ya?* Mientras más rápido solucionemos todo esto, más fácil será de olvidar, ¿Cierto? –Aún tenía sus puños apretados y al mirarlo más de cerca, noté que apretaba la mandíbula también. Mas al percibir que esperaba su respuesta, suspiró con pesar, para luego dedicarme una agradecida sonrisa.
- Vamos… -Y miró hacia el frente, dejando que lo guiara hasta el garage.
Al llegar al garage, Hyde vio con malicia el Trans rojo, pero al ver que me cruzaba de brazos, siguió de largo. Se detuvo por un momento en frente del BMW convertible azul oscuro, luego en el Ferrari California Spyder negro. Por último estuvo un tiempo indeciso entre el Lexus Gs 300 y el Ferrari 430 TuNero, eligiendo al Lexus al final. Durante el viaje se mantuvo en silencio absoluto, mirando el exterior; llevaba sus lentes de sol y se había puesto la capucha de la polera negra que tenía, ya que ahora no vestía su chaleco, sino que una chaqueta de cuero negra. No intenté animarlo nuevamente, pues sabía que no serviría de nada, él ya sabía que tenía todo mi apoyo…
Al llegar frente a la estúpidamente gran mansión, me anuncié por el citófono, logrando que nos dejaran entrar. El frío y amplio lobby lucía ostentosas decoraciones de tonalidades oros o cobre, grandes jarrones, muebles de arrimo grotescos y costosos, todos los cuales eran una especie de trofeo para ella, demostración de cuanto chantaje había podido ejercer en Hyde, a costa de las horas de visitas de su hijo. Siempre que venía a recoger a mí ahijado para pasar una tarde juntos, ese lobby y en totalidad aquella propiedad me parecía la gélida cueva de una horrible bestia succionadora de vida y creadora de infelicidad. Ecos de tacones se acercaron lentamente; sólo en ese momento me di cuenta que Hyde estaba mas retirado, casi atrás mío, pero no en pose de esconderse, simplemente no quería verla.
- Camui-san, que sorpresa su presencia aquí… -Su aguda voz desbordaba sínica cordialidad.
- Ahórrate tus caretas y dime de inmediato qué le hiciste a Hyde y cómo se revierte. –Grave y cortante sonó mi voz. No quería andar con rodeos, pues podría aprovecharse de la situación como siempre lo hacía.
- ¿Disculpa? –Rió entupidamente, fingiendo no entender. Apreté mi mandíbula para impedir que toda la furia que sentía saliera de golpe.– Pero ¿De qué me estas hablando?
- Estoy hablando de esto. –Y retrocedí para tomar a Hyde de la espalda y exponerlo a la mirada de la arpía, sin antes ganarme un fruncido ceño por parte de él. – Ya deja de fingir y dinos como volvemos todo a la normalidad.
- ¿A la normalidad? …. – Seguía haciendo ese estúpido tono de voz que me llenaba de cólera y de unas ganas asesinas de estrangularla, mas al ver la figura de Hyde bien, sus ojos se abrieron casi en su totalidad, dándole una expresión demente, para luego colmarse de una fría satisfacción, la cual ocultó en seguida.- ¿Quién…quién es ella, Camui-san? ¿Acaso es alguien de la familia?
- No empieces con tu estúpida actuación de santa, sabes muy bien que no caigo en ella. –La fulminé con la mirada, conteniendo mis ganas de golpearla.- Esta vez has llegado muy lejos con tus malditos chantajes, sabes muy bien que con esto no sólo perjudicas a Hyde, si no que también a Hyosuke, lo cual no permitiremos. –Sentí mi puño izquierdo apretado inconcientemente, aferrado tan violentamente que tuve la sensación de que no podría estirar mis dedos.
- ¡Pero no entiendo nada! ¿Qué tiene que ver Hyo-chan con esta srta.? –Esa falsa voz estaba enfermando mis oídos, amenazando con no contenerme más y gritarle, sin embargo alguien más se me adelanto.
- Di la verdad por una vez. ¡Dime que me hiciste! –Hyde sonó firme y grave, neutralizando casi por completo su tono femenino, dejando a la arpía boquiabierta; sin duda lo había reconocido.– Por mucho tiempo pensé en pasar por alto muchas de tus desfachatadas, pero has llegado al límite, y ese es el bien de Hyosuke. No permitiré que me quites a mi hijo una vez más, ¡Así que dinos rápido qué mierda me hiciste y cómo revertirlo!
Por fin había canalizado todos sus sentimientos para utilizarlos a su favor, lo cual pronto sería un alivio para él; siempre me había preocupado la mala costumbre de Hyde de guardarse todo para sí, de actuar tan calmo en situaciones en las que cualquiera habría reaccionado con rabia, liberando todo en gritos y reclamos. Sin embargo la mujer frente a nosotros, si es que podía llamarse así, sabía perfectamente como mover los hilos y manipular todo a su favor, a tal punto de que sólo ahora Hyde parecía tenerle verdadero rencor, después de todo el mal que le había causado. Pero esta vez parecía que la víbora por fin saldría de su sucio escondite, pues su mirada nunca había sido tan gélida y calculadora.
- ¡Habla de una vez, maldita perra! –No pude contenerme ante tanta rabia y silencio. Horribles y crudas risas de bajo volumen provenientes de ella electrizaron el ambiente.
- Al parecer mi pequeño experimento ha dado resultado…. –Miró a Hyde de pies a cabeza, regodeándose asquerosamente de lo que le había hecho.– Uhmm, me hubiera gustado estar presente cuando todo sucedió… pero esta visita lo compensa todo… -Una lánguida mueca rasgó su rostro, formando una sonrisa que aborrecí.
- Dime como se revierte. –Exigió él, diciendo las palabras pausadamente, conteniendo su furia. Podía ver sus puños fuertemente latiendo bajo su presión.
- ¿Por qué habría de hacerlo si lo estoy pasando tan bien? –Siseó sin remordimiento alguno, remarcando su horrible mueca.
Mas en un abrir y cerrar de ojos Hyde se le había acercado, reteniendo su mentón rudamente, dejándola paralizada de la sorpresa. No supe como reaccionar frente a esto, sabía que no la golpearía, empero temía por la integridad de Hyde.
- Dime como revertirlo o la pagarás muy caro. -Le exigió nuevamente, con los dientes apretados acercando su cara a modo de amenaza.
- Estás muy equivocado si piensas que así puedes asustarme… no importa lo que digas, seré yo quien decida cuando y como se termine mi nuevo experimento… -Su retorcida voz no hacía mas que incentivar mi cólera y ganas de herirla.– Has sido muy insensato al acercarte a mí así…
Y su mano se alzó para golpear a Hyde, mas mi izquierda actuó más rápido, deteniéndola en su camino. Fría y enrabiada mirada me dirigió, forcejeando violentamente para que la soltara, empero mi propia rabia pudo más, aprisionando su cuello veloz y bruscamente, dejándola en jaque.
- Piensa mejor lo que haces, perra. ¡Más te vale que nos digas ahora como detener todo esto o pasarás un largo tiempo en el hospital para luego hospedarte en la cárcel de por vida! –Lenta presión en su cuello se ganaba por cada forcejeo que hacía, y sin embargo era tan inútil para seguir forcejeando, mostrando ya temor en sus ojos. La serpiente estaba acorralada.
- N-no sé… n-no sé como detenerlo… -Su voz fue entrecortada por los forcejeos y mi presión que en ningún momento cedía.
- ¡No mientas! –Gritamos al unísono con Hyde, sin haberlo planeado.
- E-es…es la verdad, sólo le pedí que hiciera todo el trabajo a una bruja negra que contacte… n-no se como revertirlo….
- ¡Entonces, es tiempo de que vayas a visitar a esa bruja otra vez! –Y la solté bruscamente, lanzándola lejos de nuestro espacio. Se tambaleó por unos segundos, haciendo sus tacones ecos extraños, para luego tocarse el cuello y mirarnos con odio.
Y cuando no cabía en mí de la rabia y aborrecimiento que sentía, oímos a lo lejos abrirse la entrada principal. Hyde se paralizó, observándome fijamente en el momento que escuchamos unos sonoros pasos acercarse.
- ¡Hyosuke! -Exclamó él casi sin aliento en un susurro, abriendo sus ojos de horror.
En cambio la arpía rió por lo bajo, para luego enderezarse por completo y mirarnos directamente.
- ¡Hyo-chan, ven a ver quien ha venido a verte! –Falsa y venenosa voz llamaba al inocente, como la sucia víbora que era.
Presa del miedo por lo que iba a ocurrir, tomé a Hyde del brazo y nos dirigimos a una puerta tras de nosotros, en la cual él entró, cerrándola suavemente justo antes que los pequeños pasos se detuvieran a unos metros de mí.
- ¿Mamá? … -Preguntó sin saber lo que ocurría, para luego voltear hacia mí, regalándome su mirada de felicidad- ¡Tío Gacktchan! –Y corrió para darme un gran abrazo.
- Hyo-chan ¡Mira que grande estás! – Y me puse de cuclillas para recibirlo. Se veía tan tierno usando aún su uniforme de primaria.
- ¡Tio Gacktchan, ¿Cuándo volviste?! ¿Cómo te fue? ¿Eres un samurai otra vez? ¿Me enseñas a usar una katana? –Su entusiasmo desbordaba en mil preguntas y hacía brillar sus ojitos, esperando ansioso mi respuesta.
- ¡Wow! ¿No crees que son muchas preguntas de una sola vez? –Me devolvió una gran sonrisa, riendo luego por las cosquillas que le hacía. – Veamos… volví hace dos días, me fue muy bien y sí, he vuelto ha ser un samurai, pero tú, pequeño preguntón, -Toqué su nariz rápida y cariñosamente, haciendo que se la cubriera con ambas manos risueño.- no tienes edad para blandir una katana.
- ¡Oh, por favor! No mataré nada, lo prometo. –Su promesa me hizo reír, pues mi temor no era que hiriera a alguien, sino que se hiriera él mismo.
- Si me escucharas y aprendieras Kendo, podrías usar una katana sin sacarte un ojo. –Mi comentario causó que su boca se entristeciera, rodando sus ojos hacia el piso.
- Sí quiero aprender, pero… -Y miró de reojo a su madre, quien le sonreía ampliamente, mueca que para mí era una completa farsa. -…pero mamá no cree que sea algo importante de aprender…-Comentó con tristeza y bajando su tono de voz.
- No creo que tu mamá sepa bien de lo que trata el Kendo.-Dije fríamente mirándola.- Uhmm, ¿te gustaría que te enseñara?
- ¡Sí! ¡Sería genial! Seré un buen alumno, lo prometo tío Gacktchan –Y me sonrió ladeando su cabeza levemente, lo cual por una extraña razón acentuó su parecido con Hyde.– Ne, tío, ¿Has visto a mi Otochan?
- Sí, lo vi y me ha pedido que te mande mil abrazos y besos de parte de él, ¡Así que ven a recibirlos! -El pequeño se abalanzó nuevamente hacia mí, feliz de recibir sus cariños.
- Otochan vendrá para mi cumpleaños, ¿Verdad? –Sus ojos brillaron de ilusión, mas no ocultaban su preocupación de recibir un no como respuesta.
- ¡Claro que vendra! ¿Cómo podría perderse tu cumpleaños? –Y revolví su oscuro cabello, pero era hora de despedirme de él. – Nee, Hyo-chan, debo irme ya y apuesto a que tienes mucha tarea que hacer. Dame un abrazo, pequeño…
- ¡Ah, tió! Vuelve luego, ¿Ne? –Dijo mientras me abrazaba cariñosamente. Como pasaba el tiempo, iba a cumplir 7 años ya.– Y mandale mis besos y abrazos a mi Otochan, ¿Ne?
- No te preocupes que yo le diré. – Y se fue corriendo con entusiasmo hacia la gran escalera que yacía en el fondo del living.
Cuando el sonido de sus pasos se apagó, la puerta tras mío se abrió, para ver a Hyde salir con una mirada de rencor que nunca antes le había visto. Sus pasos se dirigieron directamente hacia Megumi, pasando a mi lado, para detenerse frente a ella sin decir palabra por unos segundos.
- Averigua cómo solucionar todo esto o desearas no haber nacido. –Grave y carente de emoción sonó su voz. En seguida camino raudamente hacia la salida.
- No creas que te saldrás con la tuya esta vez. El que seas madre de Hyo no volverá a salvarte. –Su horrible sonrisa se borró para dar paso a indignación y rabia, mientras nos veía marchar.
Sus coléricos pasos se dirigieron arduamente hacia mi mueble de licores, sirviéndose un Whiskey triple, acabándolo casi por completo de una vez. En seguida comenzó a caminar de un lado a otro con sonora y agitada respiración y los puños apretados.
- Calma, calma… -Dejé las llaves en el mueble para tomarlo de los hombros y detener su furioso caminar, sin embargo no dejaba de hacer esa rabiosa respiración, que junto a los ladridos de los cachorros al escucharnos llegar, estaban haciendo que también me sintiera irritado.
- ¡Maldita sea, ¿Cómo quieres que me calme, Gackt?! –Soltó de una buena vez, dirigiéndome su mirada enrabiada. - ¡¿Cómo mierda fui tan tonto para dejar que todo esto pasara?! –Y se soltó bruscamente de mí, volviendo a caminar de un lado a otro.
- No debes culparte, es esa arpía la que generó todo esto. –Trate de calmarlo nuevamente, pero él volvió a tomar su vaso para vaciarlo y servirse otro triple.– Ahora de nada sirve enojarse así, hay que concentrarse en buscar la solución, no a empeorar todo. –Y le quité el vaso que ya iba en la mitad. Traté de sentarlo frente a mí, mas él viró en mi contra para volver a caminar enrabiado.
- ¡Pero yo permití que todo esto pasará! ¡Yo y mi ciega estupidez! –Antes que lo viera me arrebató el vaso de las manos y lo vació rápidamente. Odiaba que se hiciera eso, bebiendo con esa rabia no arreglaría nada.– ¡¿Cómo fui tan estúpido para no detenerla antes?!
- ¡¡Hey, para!! –Le grité enojado, quitándole la botella de las manos. Su mirada me fulminó terriblemente; era la primera vez que lo veía tan enojado y herido, mas no aflojé mi mirada de desapruebo.– ¡Ya lo hecho, hecho está! ¡Ahora no sacas nada con beber y maldecir así! Sólo empeorarás todo…
- ¡Pero…! ¡Pero ¿Has pensado que puede no haber una solución?! ¡¿Eh!? –A pesar de la violencia con la que me hablaba, podía ver el temor en sus ojos, los cuales pasaron a estar fruncidos a afligidos luego de recibir mi silencio. - … ¿Qué voy a hacer si no hay una solución? … si…si tengo que quedarme así para el resto de mi vida… -Por fin se había quedado quieto, pero su tristeza había vuelto. - … nunca mas podré ver a Hyo…
- No digas eso. –Fui cortante con él, no podía simplemente deprimirse y no luchar. – Nunca más digas eso. No puede simplemente no haber una solución, eso lo dices porque no la has buscado. –Bajó su mirada y volvió a respirar sonora y agitadamente, apretando su boca y puños.– Todo en esta vida tiene solución, mil y una veces te lo he dicho. –Quería abofetearlo por seguir haciendo esa irritante respiración, pero en vez de eso lo abracé con fuerza, a lo cual el no respondió al principio. –Sigues siendo un rabietas…
- Déjame… ¡Déjame! –Forcejeaba conmigo, ofendido por mis palabras, sin embargo al final dejó de pelear, agachando la cabeza y apoyándola de lado en mi pecho, suspirando con rabia y pesar.
- No vuelvas a decir estupideces. Sabes muy bien que existe una solución y los dos juntos la buscaremos y la encontraremos. –Seguí firme, pues estaba decidido a no dejar que la arpía ganara nuevamente, esta vez me las iba a pagar.– Te prometo… te prometo que antes del cumpleaños de Hyo volverás a ser tú…ahora… es mejor que descanses, sé que es temprano, pero es mejor que duermas y dejes de pensar en todo esto por un momento…
Puse mis manos en sus hombros para obligarlo a que me enfrentara. Demoró en levantar su mirada, era como un niño taimado, mas entendía el por qué de toda esa desesperación ante aquella situación. Cuando sus ojos por fin enfrentaron a los míos, fue inevitable ver el daño de la tristeza en ellos, empero ya no los dominaba como antes. Me dedicó una sonrisa apretada, agradecida pero aún conteniendo su enojo, para luego asentir levemente y dejar que lo encaminara a su habitación.
No pasaron más de 20 minutos cuando desde la cocina escuché los ladridos de los cachorros en su pieza y luego el fuerte rugido de un auto que se alejaba. Me causo inquetud; los pequeños ladraban así sólo cuando alguien llegaba o se iba…”O se iba…” resonó en mi mente, por lo que rápidamente me dirigí al lobby, en donde me di cuenta que la botella de Whiskey y las llaves del auto ya no estaban en el mesón. En seguida me dirigí a la ventana para encontrarme con lo peor que podía esperar.
-¡¡Mierda!! –Exclamé al asomarme a la ventana y ver correr a lo lejos el Lexus.
*No se si han oido a Gackt decir aquella frase en japonés, que sería "Ah...ikō ka?" En varios videos la he escuchado y me gusta mucho como suena su voz y la frase en sí.
P.S: ojo con los links en los nombres de los autos, los puse para que se hicieran una idea de ellos mientras leen.
Hai-chan del mal~~~! que Gac-chan solo te intenta ayudar >O<
ResponderEliminarYa veo por qué te costó escribir la parte de la arpia u_u
cuidate~~~~