lunes, 31 de enero de 2011

[FIC] Esa sonrisa es un Pecado. Capítulo IV.- Exasperación.

IV.-  Exasperación



   Pasaban las horas y cada vez me desesperaba más, no veía rastro de Hyde o el auto: Estaba realmente furioso con él, ¡¿Cómo se atrevía a hacerme esto, a correr así como un maldito estúpido?! ¡Me las iba a pagar todas! Empero toda la rabia que sentía hacia él no se comparaba con la preocupación que oprimía mi pecho.  Había recorrido kilómetros para llegar a las calles que nunca duermen en Tokio, las cuales empezaban a tener actividad, viendo a lo lejos mi auto, mas en un momento giró a la derecha rápidamente, mientras me quedaba estancado frente al semáforo, provocando que lanzara una exclamación de rabia. Con todas mis fuerzas pisé el acelerador para tratar de alcanzarlo, pero ya era demasiado tarde, ahora vagaba ciego entre esas calles de neón, rogando que no haya ido demasiado lejos, que no siga tomando, que… que por favor nada malo le suceda…
   Seguí conduciendo por inercia, sin un rumbo claro en mi mente, cuando a la distancia vislumbré un bar que me parecía conocido. Aparqué el auto en la calle de al frente y me dirigí hacia la gran puerta que brillaba por las luces a su alrededor. Tomé la precaución de llevar unos lentes grises, pero aún así unas 3 chicas me pararon en el camino hacia la barra; me disculpé cortésmente, diciéndoles que buscaba a alguien y me alejé para recorrer con mi vista todo el local, sin embargo no había rastro de Hyde. Lo mismo se repitió en los bares y locales que luego revisé, no lo vi en ninguno, las horas corrían y el dolor que oprimía mi pecho se hacía cada vez más fuerte.  Sin poder resignarme, pregunté por él en cada local al que entré, mostrando una foto que llevaba en mi Iphone de él, más siempre era la misma respuesta, negaban con la cabeza y afirmaban no haberlo visto. Había perdido la cuenta de los lugares a los que había entrado, un nudo en mi garganta amenazaba con apretarla violentamente para siempre, mas el pensar en mi garganta hizo que recordara un nombre que Hyde me había dicho una noche en que lo saque muerto de ebrio de un bar algo oculto; “Black Throat” era el nombre del bar del cual lo había sacado, su bar favorito en los días en  que se sentía deprimido. Sin pensarlo dos veces corrí a toda velocidad hacia allá, cruzando la zona de neón en menos de 10 minutos para saltar del auto hacia las escaleras en zig-zag que dirigían a su puerta. Un viejo cartel de madera con ondulantes letras presentaba su nombre al lado derecho de la entrada, la cual traspasé velozmente, buscando expectante entre las nubes de humo que se deshacían a mi paso. El ambiente de aquel lugar no me gustaba para nada, había borrachos tirados por todos lados, mujeres de poca ropa paseándose, tratando de llamar la atención, en una esquina divisé un grupo que se inyectaba drogas con una tranquilidad impactante; no sabía por qué le gustaría este bar en específico, tal vez porque nadie podría molestarlo, nadie lo reconocería. Una decadente melodía se expandía sutilmente entre la gente, perdiéndose entre las voces que se alzaban enrabiadas. El corazón me latía a mil mientras miraba todo a mi alrededor, temeroso de no encontrarlo nuevamente, empero una embriagada voz a lo lejos llamó mi atención.
- ¡Malditos borrachos, les digo que soy hombre! ¡Dejen de mirarme así...! –Aquel reclamo provenía de algún lugar a mis espaldas.
- ¿Dices hombre? –Pastosa voz le respondió entre gruesas carcajadas. Me di vuelta completamente para buscar la fuente de la discusión.- per-o… ¿cómo puedes decir eso con ese cuerpecito?
- ¡Oe! Suéltame…¡¡Suéltame, maldito!! –Al voltear y buscar con desesperación, pude distinguir a lo lejos el rubio cabello de Hyde, quien trataba de zafarse del grueso brazo de un gordo y horrible hombre. Estaba sentado sobre una mesa circular, en la cual puso un pie para empujarse fuertemente con esté y lograr soltarse de quien lo acosaba, quedando de pie en medio de la gran mesa.– ¡Te digo que soy un hombre, maldito estupidoo! Y... te lo voy a demostrar… -Su voz arrastraba las palabras, demostrando la horrible borrachera que ya llevaba encima.
- ¡Vamos, vamos! ¡Demuéstranos! –Animó otro grasiento y enorme tipo, al tiempo que Hyde buscaba el cierre de su polera con su mano, mientras sostenía un vaso con la otra. Alarmado por lo que podría hacer, me apuré para llegara su lado, pero cuando el cierre ya iba a la mitad, el tipo lo agarró del brazo, el vaso cayó y él volvía a estar a la altura del piso, sólo que esta vez los dos grasientos tipos se le abalanzaban encima con ojos pervertidos.- Eso es, muéstranos que tienes ahí… –Con todas mis fuerzas le di un puñetazo al que pillé mas cerca, logrando que lo soltara y cayera sobre una silla.
- ¡Hey! ¡¿Quien eres tú…?! –Tomé a Hyde por los hombros, para cerrar bruscamente su polera, vislumbrando levemente su clara piel, para luego pasarle por los hombros mi blazer, alejándolo del borracho que aún quedaba en pie. - ¡Hey! ¡¿Qué estás haciendo?¡ ¡Yo encontré a esa puta!
La rabia hacia aquel sujeto me invadió por completo, a tal punto de descuidar a Hyde para plantarle tres puñetazos seguidos, dejándolo caer junto al otro tipo; en seguida me di vuelta para afirmar a mi amigo de los hombros antes que cayera de bruces. Estaba completamente borracho, ya no podía ni siquiera mantenerse en pie por sí solo, por lo que lo afirme de la cintura para llevarlo fuera.
-¿Eh? …¿Do…dónde se fueron esos dos hipopótamos…? –Preguntó con la lengua aflojada, buscando como pudo a nuestro alrededor. - ¿Dónde…do…nde se fuero?...
- Vamos a casa… ellos también se fueron…-Caminé hasta la salida con Hyde apoyado a mi costado, mas al llegar a las escaleras, su cuerpo ya estaba casi por completo adormecido, farfullando incoherencias, por lo que decidí llevarlo cargando en mi espalda hasta el auto.- ¡oh, ahora tengo un caballito…! –Reía tontamente hasta llegar al auto.

 Me costó unos minutos abrir la puerta con Hyde en mi espalda, tratando que no se cayera, pero el seguía moviéndose de vez en cuando; cuando por fin la llave entró en el cerrojo, me dirigí directamente hacia su pieza, pues sí, era su pieza, no había otro invitado que hubiera ocupado esa pieza tanto tiempo como Hyde, por lo cual ya no era un invitado en la casa. Ya recostado en la cama, delineaba objetos imaginarios con su índice, mientras le sacaba las botas y lo trataba de poner bajo las tapas. Por último quise darle las buenas noches, mas el tomó mi brazo y se me quedó mirando.
- No…no, quédate…quédate…no quiero estar sólo aquí…-Me miraba fijamente, mientras se le cerraban lentamente los ojos, musitando aún para que me quedara. Suspiré pesadamente al verlo así.
- No, Hyde, tienes que dormir, mañana hablaremos sobre esto… -Le subí las tapas hasta la barbilla, mas el no quiso soltar mi brazo, sino que lo tiró para llamar mi atención, a lo cual yo le respondí sentándome a su lado, mirándolo fijamente como él lo hacía.
- Nee…Gacktchan… ¿Recuerdas….recuerdas esa noche…?-Su pregunta me tomó por sorpresa, enmudeciéndome poderosamente. - …esa noche… cuando terminamos de rodar Moon Child…recuerdo que hubo una fiesta… y…bebimos mucho… tú te reías por todo… -Su aflojada lengua no impedía que siguiera hablando, por lo cual preferí dejarlo así. –…y  de rrepente quedamos solos… y tu…tú me diste un beso…y yo… yo no supe qué hacer…pero tú…tú me dijiste que así era como le decías a tus amigos que confiabas en ellos… que los querías… -Cerró sus ojos por un momento para aclarar su vista. –…Gacktchan…yo también te quiero… aunque ahora estoy borracho… te quiero mucho…
Inconcientemente reí por lo bajo por sus palabras.
- ¿No debería yo decir eso? –Le pregunté aún riendo, mientras él trataba de zafarse de las sábanas.
- ¿Eh? – con una chistosa expresión me miró sin entender.
- Quiero decir que yo debería decir que aunque estés borracho, te quiero igual. –Se quedó quieto por fin al escuchar mis palabras, para luego sonreír lánguidamente.
- Ahh… gracias Gacktchan, yo también te quiero mucho…-Volvió a cerrar sus ojos para luego volver su mirada perdida hacia el techo, moviendo levemente la cabeza  de vez en cuando, como si fuera mecido por un mar invisible.
-Ah… eres imposible…-Suspiré aún con un dejo de risa, resignado a dejarlo así. Tomé su mano para hacer que soltara mi brazo, sin embargo ésta se aferró a la mía con fuerza, haciendo que lo mirara sorprendido, había dado por hecho que dormía.
- ¿Por qué…por qué no volvimos a emborracharnos así….? Los dos solos… para molestar a todo el mundo…-Su voz se había vuelto grave nuevamente, algo ronca mientras se le trababa la lengua, lo cual me extrañó, pues escucharlo así, casi con su tono natural y mirarlo a la cara era algo perturbador; ver aquellos labios femeninos liberar su voz… inquietaba mi ser…quería que dejara de hablar, mas aquel tono ronco encendió una idea en mi mente que luego desarrollaría. - … siempre llega alguien… y se cola a todo…me quitan a Gacktchan...y no es como esa vez… -Sabía perfectamente el por qué de aquello, pero no podía decirle… no podía decirle que era yo quien impedía que nos volviéramos a emborrachar solos…para protegerlo… para impedir que viera sentimientos que quería alejar de mi corazón…para impedir que esos sentimiento, que deseaba negar cada vez que se encendían en mi pecho al verlo, se apoderaran de mí…y…
-¡Ah,no…no puedo respirar! –Sus palabras me alarmaron, impulsándome a que lo sentara rápidamente, apoyando su espalda en el respaldar de la cama.-…no puedo… no… necesito papel higiénico… -Atendí de inmediato, poniendo en sus manos lo que pedía, mientras lo veía alzar su nariz en busca de aire.
- ¿Qué te ocurre? –Atiné a preguntar, confundido, al tiempo que él se limpiaba su nariz para luego alzarla de nuevo en busca de aire; la cabeza se le iba levemente hacia atrás cuando trataba de respirar, por lo que le afirmé la nuca delicadamente, esperando su respuesta.
- Mi… mi nariz se enferma... cuando duermo… es molesto… -Hablaba pausado al tratar de tomar la mayor cantidad de aire posible, mas esto no impidió que lo que había dicho me causara gracia.
- ¿Sólo tu nariz se enferma?  -Reí mientras el me asentía aún con la cabeza hacia atrás, mirando hacia el cielo sin mirar, buscando hasta encontrar mi mirada, al tiempo que su respiración parecía más acompasada.– Eres un tonto...-Le miré a los ojos, con una sonrisa ladeada, mientras lo acomodaba sobre un cojín apoyado en el respaldo, para sacar mi brazo de bajo su nuca y hundirme a su lado levemente.
Y antes siquiera de que lograra reaccionar, sus brazos se enrollaron alrededor del mió, apoyando también su rostro en él, acurrucándose a mi lado como un niño pequeño que es abatido por el cansancio. No podía condenar tal ternura, empero hice una promesa conmigo mismo de no volver a dejar que esto ocurriera, de no volver a permitir que aquellas cálidas manos me envolvieran, pues era precisamente su ternura mi más grande debilidad. Cerré mis ojos y dejé que mi rostro cayera sobre su frente, inhalando su aroma, embriagándome con su presencia y abandonándome al cansancio. 




   Mi cabeza palpitaba dolorosamente, no deseaba abrir los ojos, presentía que sería mucho peor que mantenerlos cerrados aguantando el latir de mi sienes, alejado de los rayos del sol, mas la sensación de tener mi mandíbula sobre algo un tanto rígido y un tanto blando pudo más, haciendo que levantara mi rostro y mirara a mi alrededor, encontrándome con que estaba recostado boca abajo apoyando mi rostro en el hombro de Gacktchan y mi cuerpo sobre un costado del suyo; su brazo derecho estaba estirado horizontalmente a la altura de mi cabeza, mientras que el otro yacía sobre su lado de pecho, sosteniendo su rostro dormido sobre el dorso de su mano. Temeroso de despertarlo, me moví lentamente para quedar arrodillado frente a él, observándolo dormir por unos segundos, notando su serena expresión, para ser devuelto a la realidad con una horrible jaqueca que partía mi cabeza.  Me senté a los pies de la cama, restregando mis ojos para despertar; no sabía qué hora eran, necesitaba un café, por lo que me levanté y me acerqué por el lado iaquierdo a Gackt para despertarlo. Me arrodillé a su lado, observando su calma respiración, acercándome lentamente hacia él, quería ver si podía cobrarle una broma que me jugó una vez mientras dormía. Seguí acercándome hasta quedar a una pulgada de su rostro, esperando con paciencia…esperando…pero a pesar que mi respiración era notoria a esa distancia, él no se movió, siguió con un sosegado vaivén entre sueños, despertando coraje en mí, lo cual me llevó a ladear mi boca y arrugar mi nariz de desaprobación. Acto seguid acerqué mis dedos a su nariz, apretándola con malicia; su cabeza se movió de un lado a otro perezosamente, tratando de quitar lo que lo molestaba, para luego mover mi mano levemente con la suya, sin lograr lo que se proponía. Risas nerviosas se me escaparon al escucharlo balbucear incoherencias mientras seguía intentando zafarse de mí, tapé mi boca con mi mano derecha, cerrando mis ojos por un momento al no poder contener la risa, sin embargo al segundo siguiente no lo escuché, por lo que abrí mis ojos para encontrarlo mirándome fijamente y con el ceño fruncido. Su expresión más que causarme temor hizo que explotara en risotadas, con lo cual Gacktchan rápidamente tomó mi brazo estirado para situarlo a mi alrededor, enrollándome con él, logrando que diera media vuelta y  cayera sentado, apoyando mi espalda en el costado de la cama.
- ¿Qué diablos tramabas, Haido? -Fingía enojó en su voz, mientras yo seguía muerto de la risa. - ¿Acaso querías matarme? ¿Ah? -Seguía recostado en la cama, medio ladeado para afirmarme, hablando como un yakuza, mas yo sabia que era todo un montaje de su parte. 
-Ah, Gacktchan, ¡¿Cómo iba a matarte?! Si te mato, no tendré de quien reírme... ¡Ah! -Tiró de mi brazo para apretarme con el mismo, mas no podía dejar de reír. – ¡Además aún debo asustarte ~, me debes un susto ~!
-¡¿Cómo es eso de que te ríes de mí, pequeño del mal?! –Siguió fingiendo enojo, sin evitar que unas cuantas risas roncas escaparan de su boca al final, lo cual aproveché para desenrollarme y alejarme un poco de él, quien sólo se sentó en la cama, bajando sus pies hacia el costado de ésta y riendo aún de mí. - Tendré que seguir debiéndote el susto, porque debo irme. -Luego de mirar su reloj, con voz y sonrisa serena, pero entretenida. – Y te has salvado por el momento de mi reto por tu huida de anoche.  Espera que termine el ensayo y ya veras.
- ¡Oh-oh! ¿Hice algo malo, Gacktchan? Si fue así lo siento mucho. -Me disculpé, algo asustado de lo que podría haber ocurrido al final de la noche, pues no recordaba esto último. Se disponía a levantarse, mientras lo miraba fijamente a los ojos, serio expresando mis disculpas.
-No sabes el susto que me diste cuando saliste arrancando así. –Posó su mano en mi cabeza pesadamente, molestándome por mi altura, logrando que me irritara con rapidez, mas la forma tensa con la que había dicho esto, apretando los dientes, demostraban que sí estaba disgustado con mis acciones del día anterior, por lo que me tragué mi protesta.– Lo bueno es que se me ocurrió una idea que puede ser de mucha ayuda para ti en unos días más…
- ¿Una idea? –Repetí mirándolo sin entender, pero bastaron pocos segundos para recordar que en tres días más debía presentarme al Halloween party 2010, alarmándome por completo. - ¿Tiene relación con el Halloween party? –No pude contener mi pregunta, mirándolo expectante, mientras el continuaba frente a mi regalándome una sonrisa ladeada.
- ¿En serio lo crees, pequeño demonio? – volvió a burlarse de mi estatura, agachándose hasta que su cara quedó a la altura de la mía, alzando sus cejas burlonamente. Quité su mano de mi cabeza bruscamente y con disgusto, frunciendo el ceño y apretando mi boca de enojo, lo cual causó que riera con relajo y de buena gana.– ven, te contaré en el camino…
   ¿En el camino? No sabía donde Gacktchan me dirigía, sin embargo confiaba en que fuera a algún lugar en donde pudiera revertir toda esta maldición para estar de vuelta completamente para el concierto. Había pasado tanto tiempo planeando este Halloween party con KAZ, Ju-ken, Arly y Jin, por lo que me daría mucha rabia y tristeza el no poder asistir; pero tal como estaba ahora no podía hacer mucho, y ni loco me subiría al escenario así, exponiéndome ante tanta gente en tal situación. Tan sólo tenía una esperanza por el momento, y esa era su idea, por lo que sólo quedaba confiar en que todo lo que Gacktchan había imaginado pudiera realizarse. Confianza no me faltaba, no por nada Gacktchan era una de los más creativos artistas de Japón, quien pasaba horas y horas desarrollando todo lo que su mente podía visualizar. Crucé los dedos inconcientemente mientras caminaba, sólo había que tener fe en que trabajando juntos podríamos vencer cualquier cosa que nos propusiéramos, incluso el devolverme mi cuerpo y vida en menos de tres días, pues porque con Gacktchan de mi lado, muchas veces tenía la sensación de que nada era imposible para mi, porque nada lo era para él.


N.A.: Espero que les guste el fic por el momento. Quiero avisar que tal vez me demore en subir el sgnte capt, debido a que no tendré internet disponible todo el tiempo, pero haré todo lo posible para mantener actualizado el blog. Dejen comentarios porfa, gracias por leer.
                                                                                                                                Katrina de Valois.


sábado, 22 de enero de 2011

Crepúsculo en mis ojos, escarlata atardecer….

Nota de autora:  Hace algún tiempo ya hice esta historia para rescatar un personaje que soñé para un fic, pero que luego no pudo estar en él, por lo que preferí darle su propia historia. Les recomiendo leerla escuchando la primera sonata que sale en el 2do reproductor(My Classical Heart ♥♬ ~)  C: . Espero que les guste, dejen sus comentarios por favor. ~Katrina de Valois~


Crepúsculo en mis ojos, escarlata atardecer….


Y el humo se elevó en su lánguido caminar hacia las nubes esponjosas y ardientes.
    Los dedos me temblaron levemente luego de darle vida al cigarrillo que ahora saboreaba.             
  El cielo parecía estar siendo rasgado por el día, quien no quería morir, quien no quería desangrarse a esas horas de la tarde.
La espera no me sabía nada bien.
    El tiempo se hacía eterno, dilatando y atrasando la llegada de los astros y la brisa nocturna que tanto conocía, mas no era así para la cuidad, la bella cuidad mezcla casi perfecta de naturaleza e industrialización. Su pulso era constante; su ritmo inalterable, empero ya no pertenecía a nada de aquello; y nunca volvería a ser parte de ello.
    Pequeñas hojas secas se agitaron carentes de voluntad, rozando por unos segundos las extremidades del banco en que estaba sentada, para luego alejarse escalera arriba, patinando en el mármol que invitaba a conocer el pequeño palacio de cultura y pasado que se erguía a mi lado con sus altas habitaciones y exquisita arquitectura, hermosa y acogedora.
Pero se estaba retrasando demasiado.
    Las sombras caían poco a poco, se arrastraban extendiendo sus garras, hambrientas de mundo, sedientas de oscuridad, cubriéndolo todo con avara lentitud, tan silenciosas como aleteos de mariposas que sin darte cuenta ya te han arrebatado el color. Pero antes de que el mundo se sumergiera por completo en lobreguez, los faroles de la avenida se encendieron, bregando con su dorada luz y consiguiendo limitar las negras alas de la obscuridad a mí alrededor.
Demasiado. Se tardaba demasiado.
   Media hora esfumada y ni asomo de él. Los minutos se consumían y mi cigarro también, aumentando mi impaciencia y temor de que hubiera desaparecido para siempre. Anhelaba este momento con las mismas ansias de la primera vez que su sangre tocó mi alma, las primeras palabras regaladas uno a otro; el primer encuentro. El pequeño pub en que tocaba cada noche parecía conservar su peculiar aire reconfortante, sin embargo, esa noche, minutos antes de salir al escenario, una extraña vibración cubrió el aura alrededor, sensaciones que había percibido anteriormente, mas no recordaba cuándo ni dónde.
    El arco se deslizó suavemente sobre las cuerdas graves del violonchelo impulsado apenas por mí, pues no era yo quien guiaba la música, la música me guiaba a mí. Inicié la Sonata acusada por aquellas sensaciones, por ojos nuevos en aquel lugar que engullían mi imagen y todo mi ser, instándome a buscarlo entre la gente que apreciaba mi música. Mas nada pude encontrar, sólo una extraña silueta entre las sombras me pareció fuera de lo común.
- Ya no tiene dominio sobre si, ¿¿cierto?? Nada más es la música quien la guía……
   Alcé mis ojos, descuidando el estuche del chelo, para encontrarme con la solitaria silueta de pálidos pómulos y cálidos iris de profundo mar. Por un instante no supe que contestar, pero enseguida una sonrisa inesperada escapó de mí.
- Podría decirse que sí – respondí con ligero hablar, incorporándome luego de haber cerrado el estuche. – ¿Cómo se ha dado cuenta? ¿Acaso es demasiado notorio??
   Sus ojos, estáticos en aquel instante, miraron a través de mí regalándome la imagen de las olas en su mirar, las cuales eran acompañadas por las olas de pensamientos que inundaban su mente segundos antes de expresarlos en habla.
- Si se observa en detalle su interpretación podría decirse que sí – ligero terciopelo era su voz, acariciando cada sílaba antes de dejarla partir. Su oscura gabardina susurró secretos al viento mientras se acercaba al bajo escenario en que me hallaba, con cómplice mirar. – Me llamo Liam….
   Su mano derecha, segundos antes refugiada en el bolsillo de su abrigo, esperó el encuentro de la mía envuelta en su blancura luminiscente.
- Soy Sophie – besó el dorso de mi mano con sutil ademán, manteniendo el contacto de sus ojos con los míos. Un leve cosquilleo flotaba por mis dedos entre los suyos pálidos.
- ¿Le gustaría charlar un rato mientras la acompaño hasta su destino? Tengo la impresión de que…tenemos muchas cosas en común de las cuales conversar. – su felina sonrisa no hizo más que aumentar mi curiosidad por él. Sí; debíamos charlar. Sus ojos de cristal obscuro me intrigaban profundamente al mismo tiempo que me deleitaban de sobremanera.
     Lúgubre señal de placer en su mirar, profundos mares manchados de sangre en sus profundidades; en sus profundidades…

   La música era su vida, la literatura su pasión; y las bellas artes su pecado. Decenios de conocimiento y hermosas palabras brotaron de sus jóvenes labios como si todo lo hubiera vivenciado alguna vez. Parecía ser la viva imagen de una descripción de Edgar Alan Poe que recordé: […..]…cuando las lecciones de la experiencia salían de los labios de la infancia…… […]…  Nuestros gustos musicales eran muy similares al igual que nuestra visión del mundo, por lo que en cuestión de segundos las mismas palabras salían de nuestros labios al mismo tiempo, describiendo mutuas sensaciones y coincidiendo al expresarnos con un “sí, eso mismo!”, “exactamente!” o “sí, lo entiendo, yo también lo he sentido”,  haciendo fluir la conversación como si nos conociéramos de toda la vida.
    Una nueva sonrisa compartida, y mi camino se desvió hacia un café invitado por él; quién sabe cuanto tiempo estuvimos conversando y discutiendo entre risas y sonrisas en aquel café, olvidándonos del mundo que aún respiraba a nuestro alrededor al ver que nos reflectábamos  uno en el otro; al ver que reflejábamos la misma luz. Sí, teníamos muchas cosas en común.
    Ebrios de entendimiento mutuo íbamos por la calle, hablando sin palabras, riendo de cosas que sólo los dos comprendíamos y saboreando el recuerdo de las palabras dichas. Sus manos me afirmaron cuando creí que caería por un descuido y aquel relámpago de sensaciones volvió a unirnos más de lo que ya estábamos. Era algo sobrenatural, algo similar a lo que sentía con la música; no podía entender qué era, sólo sabía que me hacía sentir viva, más viva de lo que nunca antes me había sentido.
   Los recuerdos acusaban mi ser mientras observaba el crepúsculo caer, temerosa aún de que todo se hubiera acabado con su simple decisión de no volver a mí.
- ¿Cuándo volveremos a charlar? – quise saber cuando se nos acabó el camino y la despedida parecía inminente.
- Cuando sea el debido momento para los dos. – respondió con misteriosa y animada voz, mas  un amargo dulzor cubría sus ojos; su lúgubre sonrisa se acentuó aún más. – pero antes que nuestras palabras se extinga, quiero obsequiarte algo…
   Sus labios ensangrentados acariciaron los míos, permitiéndome saborear el líquido delirio escarlata, sobrenatural éxtasis para mi alma. Todo dio vueltas, mis sentidos se desfiguraron a medida que aquel líquido caliente se abría paso por mi garganta,  entregándome la sensación de reconfortante calidez, y un exquisito y delirante sabor.
   Nada he de entender en aquel momento, sólo el arrobo de mis sentidos invadía mi mente. Su sonrisa de colmillos delatores y sus palabras de la siguiente noche confirmaron lo que tenía en sospechas; el preternatural percibir de mi entorno por efecto de su sangre me hacía desvariar, empero atendí completamente a lo que sus labios digieron mientras sus ojos se abrían a los míos. Su sangre. “Su escarlata maldad” como la llamó él, fue un obsequio, una invitación para unirme al sendero inmortal al cual él ya pertenecía. Y cual flor de la muerte fuera, el vampirismo se fue abriendo a mí pétalo a pétalo; fúnebres pétalos teñidos de carmesí, los cuales hechizaron mi mirar con lágrimas granas brotadas en el crepúsculo, e hicieron que me sintiera perteneciente a su obscuro bosque, en donde la de negra sotana con capucha y peculiar hoz entre sus huesudas manos solía dar sus paseos predilectos. Sin vacilar aferré su mano, aceptando su invitación para que en menos de dos meses estuviera acompañándolo en sus cacerías, aprendiendo de todas las matanzas ejecutadas con cruel y ardiente sed; sutiles y ahítas de goce, empero.
    Ponto todo sucumbió ante el delirante sabor de su sangre inmortal y los beneficios que esta me brindaba; un pequeño sorbo bastaba para que las fronteras de mi mundo desaparecieran y pudiera ver y oír el universo en todo su esplendor. Las cosas tenían un color distinto, un resplandor diferente al que me era habitual ver; era como si viera el aura y, a su vez, el alma de las cosas. Si bien yo tenia casi total disposición de su sangre, el siempre prescindió de la mía, incluso cuando yo deliraba luego de probar las primeras gotas carmesí de la noche, él nunca se aprovechó para robar un poco de mi líquido vital. No; quería dejarlo en suspenso para la noche final, la noche en que por fin la inmortalidad me tomaría para ser una más de sus hijas de la obscuridad. Pero esa noche había llegado, el mar ya estaba en azules profundidades y él parecía no querer dignarse a aparecer.
La impaciencia me consumía.
 Estaba demente si creía que lo esperaría un minuto más. Dejé caer mi cigarro para darle muerte y partir, pero una fría y pálida mano aferró mi muñeca en la milésima de segundo que me proponía dar mi primer paso para alejarme, provocando en mí la ya conocida corriente de electromagnetismo que sólo su piel en la mía podía provocar.

- ¿A dónde piensas que vas?.... – susurros sobrenaturales brotaron de sus labios directo a mis oídos, provocándome un pequeño sobresalto. Sus fríos dedos aún sostenían mi mano, transmitiéndole con suavidad de témpano de hielo su frialdad. Su respiración podía sentirla a sólo centímetro de mi cuello.
- Llegas tarde; demasiado tarde. – le dije con enojada voz, luego de voltear y encontrarme con su exangüe semblante y sus añil refulgentes ojos. -  No tengo toda la eternidad para esperarte.
- El tiempo no significa nada, Sophie, tan sólo es un invento del hombre para darle orden a sus memorias;  - dijo con lúgubre pero burlona expresión, alzando sus cejas como sólo él sabía hacerlo. - no existe el pasado, presente o futuro, pues al evocar tus recuerdos vuelves al pasado, vives nuevamente el pasado, tal vez no físicamente, empero ¿qué significa el cuerpo cuando nuestras almas pueden viajar libremente y sentir tan vividamente nuestros recuerdos? Es tan sólo un medio de transporte para nuestros espíritus, una ilusión de realidad para no caer en la demencia. Tú eliges, Sophie, lo que es real y lo que no lo es.
- Pero tú has elegido mantener tu cuerpo y no hacer los viajes que las otras vidas podían haberte brindado, ¿por qué? -  le pregunté con intención de herirlo, pero también para ver si respondía con sinceridad acerca de su decisión de convertirse en vampiro.
- La probabilidad de volver sin limitaciones no se te da si has convertido en un caos sangriento los alrededores de tu última vida, por lo que yo no tenía muchas posibilidades de volver reencarnado en algo que pudiera disfrutar. – su lóbrega sonrisa felina me dio a entender que lo que me decía era cierto; la maldad la llevaba en su sangre, la cual había sido alimentada por las miles de victimas que había tomado. – ¿Qué habrías preferido tú, pudrirte por un par de décadas y luego volver reencarnada en un ser que apenas puede valerse por si solo o que no tiene el razonamiento suficiente para apreciar las cosas a su alrededor?
Nuevamente me había atacado con una pregunta a la cual yo no sabía como responder.
- Oh, claro que sabes qué responder, sólo tienes miedo de decirlo y parecer demasiado malvada…… ¿o me equivoco?..... – nuevamente había leído mis pensamientos, y sus añil burlones ojos no hacían más que restregarme la verdad en la cara.
- Es obvio que hubiera preferido el don oscuro ante cualquier otra cosa. – le respondí con engreída voz, la cual pareció gustarle; le encantaba que mi carácter saliera a flote. - ¿Nos vamos?

    Las calles estaban despejadas de esa multitud que acostumbraba a deambular en aquellas horas cuando iniciaba la noche. El aire era fresco, agradable, considerando que la brisa anunciaba que pronto los tiempos fríos llegarían. En pocos minutos llegamos a la sala del  teatro reservada para mi ensayo, en donde mi chelo esperaba junto a un magnifico piano de cola negro el cual sin duda Liam exploraría con sus tétricas melodías.
- ¿Que tal algo de dulce música para recibir a la muerte? – preguntó desde el taburete del piano, con una sonrisa cual no pude descifrar. Sólo asentí mientras afinaba cada cuerda del chelo, poco a poco ensimismándome. Sus dedos brincaban en las teclas, desgarrándolas de forma especial.
   La Sonata para violonchelo y piano en mi menor de Johannes Brahms fue la elegida; las notas se deslizaron en lúgubre armonía, allegro ma non tropo, alternándose y acompañándose la música de piano y chelo para unirse en una sola delirante armonía, la cual llegaba hasta mi alma como fino cuchillo, exquisita daga, que traspasaba y hería a mi ser, pero que a su vez era mi razón  para seguir viviendo día a día. Las lívidas manos de Liam parecían confundirse con las teclas mientras iban danzando sobre ellas, creando vida y muerte con su pasión al interpretar. A mi vez sólo me fui interiorizando en la sonata, sintiéndola en cada fibra de mi ser para luego dejarme llevar por la melodía que se desangraba entre nosotros, y para nosotros.
   Las teclas del piano se silenciaron. Tan sólo me di cuenta unos cuatro o cinco compases después, abriendo mis ojos y alejando el arco de las cuerdas para averiguar lo que había ocurrido con él. Sin esperarlo me encontré con los profundos ojos de Liam que me observaban con suma atención. Tenía el ceño levemente fruncido, como si quisiera comprender algo más allá de su entender.
- ¿Ocurre algo? – le pregunté sacándolo de sus cavilaciones. Un gesto de sus ojos me expresó que me acercara, para lo que yo respondí sentándome a su lado en el taburete, con el chelo apoyado en mis piernas. Sus ojos observaron con desmedido interés cada movimiento que hice, para luego concentrarse en mi mirada, mis labios y por último mi cobrizo cabello que caía más abajo de mis hombros. Sus exánimes dedos acariciaron mi rostro para luego caer hacia mi cuello, acariciando suavemente las venas visibles en él. De pronto sus palabras rompieron el silencio con sutil musitar.
-…..Desde hace mucho……decidí no involucrarme demasiado con los mortales, pues caí en la cuenta de que en verdad no los comprendía y de que ellos no me comprendían por los siglos de diferencia entre nosotros; la mayoría se veía impresionado por mi apariencia, enamorado con mis cualidades, mas ninguno se atrevía a acercarse y hablar por unos segundos. Sin embargo, tú no tuviste miedo de dirigirte a mí aquella noche, al contrario, te mostraste identificada con mis palabras y quisiste proseguir con la conversación. – su voz era seria y sincera como nunca antes había sido. Mis dedos aferraron los suyos de nieve viviente. - Eres la única mortal que me ha llegado a comprender, incluso luego de saber lo que en realidad era, al mismo tiempo que eres a la única a la cual he podido entender; es por esto que quiero que heredes el Don Oscuro de mi y me acompañes en la muerte en vida por lo que puede ser la eternidad.
   Nada era más reconfortante que sus palabras en aquel momento, las cuales hicieron que reafirmara mi idea de que su mundo era donde yo pertenecía.
- Empero……hay otra razón pro la cual quiero que seas mi compañera…… - dijo medio en susurros, observando mis manos para luego traspasar mi mirada con la suya. -…..hace siglo y medio atrás…..quien fue mi primera compañera mortal e inmortal fue asesinada por unos fanáticos religiosos, quienes la encontraron devorando a unos de sus líderes. Le enterraron una estaca en el corazón siguiendo sus creencias, pero al ver que nada ocurría la encerraron en un poso, dejando que los crueles rayos del sol la consumieran. No sé como puede ser esto, pero créeme que eres idéntica a ella; ni un poco más de su forma de ser, ni un poco menos de sus facciones. – ante esto no supe que decir o hacer. ¿Cómo era posible? ¿Acaso había reencarnado luego de un siglo y medio? Tal vez eso explicaba mi sentimiento de familiaridad que había percibido desde la primera noche. Estaba algo desconcertada; realmente no sabía como actuar.
   Sin embargo, cuando volví mi mirada hacía él sus ojos eran de impredecible mirar, malvados en su belleza, acompañados de una sonrisa cargada de su innata perversidad, la cual se abalanzó sobre mi para morder mi cuello en un movimiento de suma rapidez. Agudo dolor acribilló a mí yugular, haciendo que tuviera un impulso de repulsión hacia él. Sus afilados colmillos se alejaron de mi carne, permitiendo que la sangre brotara libre sobre mi hombro, precipitándose sin poder impedirlo hasta el violonchelo, manchando sus cuerdas y tapa superior, escurriéndose por lo oídos de éste para dejarlo por siempre marcado con su mortal escarlata. El corazón lo sentía latir con ímpetu en mis sienes, mi visión se nublaba, mas nuevamente sus manos me afirmaron antes de desfallecer, dejando caer el chelo ensangrentado para aferrarse nuevamente a mi cuello, succionando hasta dejarme casi sin aliento. Enseguida, con sus uñas se rompió el lado derecho del cuello para darme de beber. Bastó sólo una pequeña gota para que la sed de vida fuera más fuerte de lo que pude controlar, desencadenándose el éxtasis en mi alma como nunca antes. De un segundo a otro me encontraba abrazándolo por completo, bregando por la sangre, sumida en monstruosa desesperación por beber más y más sin importar nada. De pronto sus pálidos dedos, cual nieve bañada en sangre fueran, empezaron a separarme de su cuello, mas yo no quería alejarme por nada del mundo; forcejeó sólo por unos segundos, separándome por fin de sus venas, mirándome enseguida a los ojos para entregarme el placer de su expectación. Su boca estaba manchada con mi sangre, al igual que su cabello azabache en su lado derecho.
- …….Y dime ahora, Sophie, ¿cómo es que te sientes....?.- preguntó con fatigada voz, lo cual no le quitó lo atractivo de su tono. Su sonrisa se ensanchaba a medida que volvía de mis delirios.
-…Esto…es el cielo…- dije con evidente arrobo; empero, sin aviso alguno, múltiples dolores me atacaron; una clavada en mi pecho hizo que me apoyara en Liam, quien me abrazó dulcemente.
- Tranquila, chérie, pronto todo cesará… – susurró cálido como nunca; y en efecto, al segundo siguiente ya todo el dolor y malestar se iba mitigando, para luego abrir mis ojos y encontrar todo cubierto con aquel resplandor tan misteriosamente lleno de mágica y bella vida; ya no existían sombras en las esquinas que amenazaran mi ser, ya que todo lo podía ver y sentir con mis vampíricos sentidos. Los sonidos lejanos susurraban en mis oídos, enamorándome del mundo al cual veía claramente ahora, bajo las aguas de los dulces e inhumanos sentidos inmortales.
Las albas teclas del piano se habían manchadas con mi sangre, lo cual provocó en mí una  nueva punzada de sed más ardiente que la primera. Pronto tendría que alimentarme, mas nada habría de preocuparme, pues por fin se había consumado la inmortalidad en mí, conduciéndome hacia el lugar al cual había pertenecido y donde ahora regresaba para disfrutar una eternidad más.
     Y ya no habrá más soles imponentes que nos separen, tan sólo obscuras noches estrelladas, coronadas por lívidas lunas; añil cielo deslumbrante y crepúsculos en nuestros ojos…escarlatas atardeceres…

lunes, 17 de enero de 2011

[FIC] Esa sonrisa es un Pecado. Capítulo III.- Angustia


III.- Angustia


Al llegar a la cocina escuché a lo lejos los ladridos emocionados de mis cachorros, seguido por los pasos de Hyde que había corrido tras mío. Después de todo comió en la cocina,  escondiéndose tras el mesón cada vez que me escuchaba acercarme a ver, pero siendo delatado por los perritos que lo rodeaban a cada momento. Luego de asegurarme que había comido, me fui al gimnasio por unas 3 o 4 horas, aún faltaban muchas cosas por repasar y me había entretenido demasiado tiempo con él y los cachorros, por lo que el día siguiente presentía que sería de mucho más entrenamiento. Cuando hube despedido a todos mis compañeros de staff, me encontré con un Hyde que en su rostro mostraba molesta e incomodidad; su pelo mojado y ropas limpias me dijeron el por qué de su expresión, por lo cual no le hice comentario alguno. Apenas le dije que me iría a bañar, emprendí el camino escaleras abajo, siendo seguido por Angie, quien no perdía su oportunidad de acompañarme a todos lados. Entró corriendo al amplio baño, pero cuando estuvo desprevenida, la tomé con cuidado, dejándola fuera, recibiendo sus reclamos con rasguños en la puerta y lloriqueos, sin embargó debía empezar a ser más estricto con ella, pues no siempre iba a poder estar conmigo y mucho menos debía andar dentro de la casa haciendo y deshaciendo a su deseo. Me bañé y cambié lo más rápido posible; a pesar de que estaba adolorido, lo que sentía no se comparaba en lo absoluto  a como me siento al terminar cada concierto.
    Sentado en medio del living y leyendo seriamente un libro, lo encontré.  Me senté a su lado, observándolo hasta que volteó su mirada hacia mí, con expresión serena, lo cual me pareció muy sospechoso.
- Gacktchan, tienes muchos libros interesantes. -Me dijo aún sereno y con un dejo de felicidad en su voz.– Y la mayoría aún no me los prestas; también tienes muchas películas que no he visto.
- Sí, ¿Y? –Aún no sabía a donde quería llegar con sus comentarios.- ¿Qué tiene eso de relevante?
- Es que… tal vez ahora puedas prestarme los libros interesantes o ver tus películas, ahora que… estoy así y tendré más tiempo libre… -Dejó de hablar al ver mi cara de incredulidad, observándome con mirada interrogativa al principio para luego cambiarla por una de súplica.
- ¿Que qué? ¿Más tiempo libre? –En ese momento caí en la cuenta completamente de lo que quería decir. - ¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡¿Acaso quieres quedarte el resto de tu vida plantado en mi casa escondiéndote de todos?!
- No te molestaría, lo prome…
- No es que me moleste, ¡El asunto es que no puedes quedarte así, sin luchar por recuperar tu cuerpo, tu identidad! –Le solté mientras le quitaba el libro de las manos y lo lanzaba al sillón de al frente.
- Uhmm… sí, lo sé pero es que… ¿Tenemos que ir? ¿En verdad tenemos que ir? –Dijo con tono  entre enojado y suplicante.
-  Sí, debemos ir y aclarar todo esto. De nada servirá aplazar más y más el momento, sabes que debemos ir a hablar con ella para hacer que vuelva todo a la normalidad. –Él sOlo desvió su mirada de mi rostro para dejarla caer en el juego de ajedrez frente a sí, sin mostrar interés en él.
- Sí, tienes razón… –Masculló desanimado y bajando su mirada hasta sus manos quietas en su regazo. No me gustaba verlo así de triste, mas debíamos ir a esa casa llena de malos recuerdos que aún le hacían daño.
-  ¡Oh, vamos! no te desanimes, pronto volverá todo a la normalidad. -Tomé su hombro para darle fuerzas, pero su mirada siguió igual.– Ehm… Si te consuela, puedes elegir el auto en el que iremos. – Traté de decir con ánimo, logrando que su mirada me enfocara nuevamente, sin embargo ésta  estaba llena de incredulidad, alejándose nuevamente de mí con un dejo de malhumor.
- El auto en el que iremos... -Masculló por lo bajo y de mala gana.-...Pero... pero aún no vayamos, tengo el pelo mojado…
- Sí que eres malo para inventar excusas… -Cmenté con paciencia, estirándome frente a él para tomar la toalla blanca que había dejado a su derecha.– Podrías haber dicho que los cachorros se quedarían solos, o que tal vez no estaría en casa a esta hora… -Me volteé para secar su pelo con suaves movimientos, y cubriendo por completo su cabeza con la toalla.
- Síp, soy muy malo creando excusas... –Comentó sin interés, con un tono de voz muy parecido a su real tono.
Tomé una punta de la toalla y la levanté para fisgonear su rostro como si lo hiciera a hurtadillas,  ¿Tal vez ya estaba volviendo a la normalidad? Tenía una leve esperanza de que todo este lío desapareciera tan extrañamente como llegó, ahorrándole el mal rato al ir a ver a Megumi; pero eso era demasiado bueno para ser verdad, puesto que nada podía solucionarse solo, además él seguía siendo una chica. Su semblante se veía serio, no le había hecho gracia mi gesto; su boca estaba levemente tomada en una mezcla de puchero y mueca de desánimo, por lo que seguí secando su pelo, dejando caer la toalla en su posición anterior.
- Entonces ¿Ya has elegido el auto en el que iremos? Puedes elegir cualquiera menos el trans rojo. -Lo menos que quería era que llamara la atención corriendo a toda velocidad o que se arrancara con mi auto preferido.
- ¿Eh? ¿Por qué? Tú dijiste que puedo elegir cualquiera, no es justo. –Se hundió en el sillón, cruzándose de brazos, taimado como solía mostrarse cuando le negaban algo; entonces ¿Tenía pensado elegir al trans para que saliéramos? Era lo más probable.
- Porque debemos ir en un auto discreto, lo menos que quiero es caer en el camino de algún paparazzi. –Si los chismosos paparazzi llegaran a enterarse de todo esto sería nuestro fin, aunque no dejaba de preguntarme cómo podrían entender todo aquel asunto.
- ¡Ja! ¿En serio crees que tienes un auto “discreto”? –Retiró la toalla de su cabeza para luego acentuar con la voz, y con la mímica de comillas con sus manos, la palabra “discreto”. Su frente se arrugó de forma divertida cuando alzó sus cejas.- Yo quería ir en la nave espacial...
-¡Hey! Si tengo autos discretos… ¿Cómo crees que salgo cuando tengo tiempo libre? –Traté de mostrarme enojado por su comentario, pero el que llamara nave espacial a mi trans hizo que se me escapara una sonrisa y un dejo de risa.
- ¿Tienes tiempo libre? -Preguntó incrédulo, sonando ahogada su voz bajo la toalla.- Porque siempre te veo ocupado con mil y una cosas, y si no tienes tiempo libre significa que no tienes auto discreto para salir en tu tiempo libre. ¡Ah! -Sequé su pelo fuertemente en forma de represalia por lo que había dicho.- ¡Deja de hacer eso! –Era divertido como sonaba su voz, como si fuera en un auto por un camino pedregoso.
-Te lo ganaste por insolente. -Reí mientras él intentaba zafarse de la toalla que estaba cubriendo por completo su cabeza y de mí que lo estaba dejando todo despeinado.
- ¡Ah! ¡Gacktchan, suéltame! –Seguía forcejeando conmigo mientras me reía de él, pero ya debía dejarlo por hoy.
- ¡¡Sha- Shaan!! ¡Tú pelo ya está seco! –Le quité la toalla para luego con mi mano derecha tomar su pelo y llevarlo casi por completo hacia un lado, dejándole un peinado divertido y algo estrafalario sobre su frente.
-Hey… no tenías que ser tan molesto. –Me reclamó, arreglándose el pelo mientras me clavaba una mirada de completo disgusto.
- Ah… pero tu pelo ya está seco, ¿O no? -Él sólo me siguió mirando con odio.- Por cierto, nunca te pregunté por qué te teñiste rubio de nuevo… -Lo quedé mirando mientras él se arreglaba el pelo distraídamente.
- Uhmm… es verdad… -Respondió aún distraído y con voz apenas audible.
- Entonces, ¿Por qué? –Mi pregunta al parecer lo pilló por sorpresa, pues se quedó con una mano en medio de su claro cabello, la cabeza ladeada y su ojos abiertos sorprendidos e interrogativos.- ¿Por qué te teñiste rubio de nuevo? -Pregunté nuevamente, rodando mis ojos.
- Ahmm… ¿por qué?.... No lo sé, quería un cambio y recordé que me gustaba como me quedaba así. –Tomo un mechón de su peló y lo miró por un buen rato, para luego seguir con su labor de ordenar el lío que había dejado como su cabello.– De repente me dieron ganas de jugar billar ¿Quieres jugar? –Y se levantó con ánimos ya casi dirigiéndose hacia la habitación donde estaba mi mesa de billar.
- No, debemos ir antes de que se haga tarde. –Me levanté para llevar la toalla a la secadora.
- Pero ¿Hace cuánto que no jugamos billar? ¿Eh? Recuerda que me debes una partida. -Se quedó donde estaba, mientras yo lo escuchaba a lo lejos.
- Lo sé, pero debemos ir Hyde, deja de usar el billar como excusa…-Y había vuelto a las excusas.
Realmente no sabía si no quería ir por miedo a que Hyo lo viera así o porque en verdad era demasiado doloroso volver a verla, luego de esta última estocada que le había dado.
Me sorprendió el silencio, no escuchaba a Hyde desde donde estaba, por lo que tiré la toalla en el cuarto de lavado y volví al lobby. Lo encontré de pie donde lo había dejado, apretando los puños y con decaídos ojos. ¡Maldita sea! Todo este asunte me tenía realmente de mal humor. Cuando por fin se estaba librando de la molesta carga inservible que era su ex- esposa, tenía que dañarlo una vez mas. Me acerqué a él y pase mi brazo sobre sus hombros fraternalmente, tratando de animarlo.
- Ah... ¿Vamos ya?* Mientras más rápido solucionemos todo esto, más fácil será de olvidar, ¿Cierto? –Aún tenía sus puños apretados y al mirarlo más de cerca, noté que apretaba la mandíbula también. Mas al percibir que esperaba su respuesta, suspiró con pesar, para luego dedicarme una agradecida sonrisa.
- Vamos… -Y miró hacia el frente, dejando que lo guiara hasta el garage. 
Al llegar al garage, Hyde vio con malicia el Trans rojo, pero al ver que me cruzaba de brazos, siguió de largo. Se detuvo por un momento en frente del BMW convertible azul oscuro, luego en el Ferrari California Spyder negro. Por último estuvo un tiempo indeciso entre el Lexus Gs 300 y el Ferrari 430 TuNero, eligiendo al Lexus al final. Durante el viaje se mantuvo en silencio absoluto, mirando el exterior; llevaba sus lentes de  sol y se había puesto la capucha de la polera negra que tenía, ya que ahora no vestía su chaleco, sino que una chaqueta de  cuero negra. No intenté animarlo nuevamente, pues sabía que no serviría de nada, él ya sabía que tenía todo mi apoyo…

Al llegar frente a la estúpidamente gran mansión, me anuncié por el citófono, logrando que nos dejaran entrar. El frío y amplio lobby lucía ostentosas decoraciones de tonalidades oros o cobre, grandes jarrones, muebles de arrimo grotescos y costosos, todos los cuales eran una especie de trofeo para ella, demostración de cuanto chantaje había podido ejercer en Hyde, a costa de las horas de visitas de su hijo. Siempre que venía a recoger a mí ahijado para pasar una tarde juntos,  ese lobby y en totalidad aquella propiedad me parecía la gélida cueva de una horrible bestia succionadora de vida y creadora de infelicidad. Ecos de tacones se acercaron lentamente; sólo en ese momento me di cuenta que Hyde estaba mas retirado, casi atrás mío, pero no en pose de esconderse, simplemente no quería verla.
- Camui-san, que sorpresa su presencia aquí… -Su aguda voz desbordaba sínica cordialidad.
- Ahórrate tus caretas  y dime de inmediato qué le hiciste a Hyde y cómo se revierte. –Grave y cortante sonó mi voz. No quería andar con rodeos, pues podría aprovecharse de la situación como siempre lo hacía.
- ¿Disculpa? –Rió entupidamente, fingiendo no entender. Apreté mi mandíbula para impedir que toda la furia que sentía saliera de golpe.– Pero ¿De qué me estas hablando?
- Estoy hablando de esto. –Y retrocedí para tomar a Hyde de la espalda y exponerlo a la mirada de la arpía, sin antes ganarme un fruncido ceño por parte de él. – Ya deja de fingir y dinos como volvemos todo a la normalidad.
- ¿A la normalidad? …. – Seguía haciendo ese estúpido tono de voz que me llenaba de cólera y de unas ganas asesinas de estrangularla, mas al ver la figura de Hyde bien, sus ojos se abrieron casi en su totalidad, dándole una expresión demente, para luego colmarse de una fría satisfacción, la cual ocultó en seguida.- ¿Quién…quién es ella, Camui-san? ¿Acaso es alguien de la familia?
- No empieces con tu estúpida actuación de santa, sabes muy bien que no caigo en ella. –La fulminé con la mirada, conteniendo mis ganas de golpearla.- Esta vez has llegado muy lejos con tus malditos chantajes, sabes muy bien que con esto no sólo perjudicas a Hyde, si no que también a Hyosuke, lo cual no permitiremos. –Sentí mi puño izquierdo apretado inconcientemente, aferrado tan violentamente que tuve la sensación de que no podría estirar mis dedos.
- ¡Pero no entiendo nada! ¿Qué tiene que ver Hyo-chan con esta srta.? –Esa falsa voz estaba enfermando mis oídos, amenazando con no contenerme más y gritarle, sin embargo alguien más se me adelanto.
- Di la verdad por una vez. ¡Dime que me hiciste! –Hyde sonó firme y grave, neutralizando casi por completo su tono femenino, dejando a la arpía boquiabierta; sin duda lo había reconocido.– Por mucho tiempo pensé en pasar por alto muchas de tus desfachatadas, pero has llegado al límite, y ese es el bien de Hyosuke. No permitiré que me quites a mi hijo una vez más, ¡Así que dinos rápido qué mierda me hiciste y cómo revertirlo!
Por fin había canalizado todos sus sentimientos para utilizarlos a su favor, lo cual pronto sería un alivio para él; siempre me había preocupado la mala costumbre de Hyde de guardarse todo para sí, de actuar tan calmo en situaciones en las que cualquiera habría reaccionado con rabia, liberando todo en gritos y reclamos.  Sin embargo la mujer frente a nosotros, si es que podía llamarse así, sabía perfectamente como mover los hilos y manipular todo a su favor, a tal punto de que sólo ahora Hyde parecía tenerle verdadero rencor, después de todo el mal que le había causado. Pero esta vez parecía que la víbora por fin saldría de su sucio escondite, pues su mirada nunca había sido tan gélida y calculadora.
- ¡Habla de una vez, maldita perra! –No pude contenerme ante tanta rabia y silencio. Horribles y crudas risas de bajo volumen provenientes de ella electrizaron el ambiente.
-  Al parecer mi pequeño experimento ha dado resultado…. –Miró a Hyde de pies a cabeza, regodeándose asquerosamente de lo que le había hecho.– Uhmm, me hubiera gustado estar presente cuando todo sucedió… pero esta visita lo compensa todo… -Una lánguida mueca rasgó su rostro, formando una sonrisa que aborrecí.
- Dime como se revierte. –Exigió él, diciendo las palabras pausadamente, conteniendo su furia. Podía ver sus puños fuertemente latiendo bajo su presión.
- ¿Por qué habría de hacerlo si lo estoy pasando tan bien? –Siseó sin remordimiento alguno, remarcando su horrible mueca. 
Mas en un abrir y cerrar de ojos Hyde se le había acercado, reteniendo su mentón rudamente, dejándola paralizada de la sorpresa. No supe como reaccionar frente a esto, sabía que no la golpearía, empero temía por la integridad de Hyde.
- Dime como revertirlo o la pagarás muy caro. -Le exigió nuevamente, con los dientes apretados acercando su cara a modo de amenaza.
- Estás muy equivocado si piensas que así puedes asustarme… no importa lo que  digas,  seré yo quien decida cuando y como se termine mi nuevo experimento… -Su retorcida voz no hacía mas que incentivar mi cólera y ganas de herirla.– Has sido muy insensato al acercarte a mí así…
Y su mano se alzó para golpear a Hyde, mas mi izquierda actuó más rápido, deteniéndola en su camino. Fría y enrabiada mirada me dirigió, forcejeando violentamente para que la soltara, empero mi propia rabia pudo más, aprisionando su cuello veloz y bruscamente, dejándola en jaque.
- Piensa mejor lo que haces, perra. ¡Más te vale que nos digas ahora como detener todo esto o pasarás un largo tiempo en el hospital para luego hospedarte en la cárcel de por vida! –Lenta presión en su cuello se ganaba por cada forcejeo que hacía, y sin embargo era tan inútil para seguir forcejeando, mostrando ya temor en sus ojos. La serpiente estaba acorralada.
- N-no sé… n-no sé como detenerlo… -Su voz fue entrecortada por los forcejeos y mi presión que en ningún momento cedía.
- ¡No mientas! –Gritamos al unísono con Hyde, sin haberlo planeado.
- E-es…es la verdad, sólo le pedí que hiciera todo el trabajo a una bruja negra que contacte… n-no se como revertirlo….
- ¡Entonces, es tiempo de que vayas a visitar a esa bruja otra vez! –Y la solté bruscamente, lanzándola lejos de nuestro espacio. Se tambaleó por unos segundos, haciendo sus tacones  ecos extraños, para luego tocarse el cuello y mirarnos con odio.
   Y cuando no cabía en mí de la rabia y aborrecimiento que sentía, oímos a lo lejos abrirse la entrada principal. Hyde se paralizó, observándome fijamente en el momento que escuchamos unos sonoros pasos acercarse.
- ¡Hyosuke! -Exclamó él casi sin aliento en un susurro, abriendo sus ojos de horror.
En cambio la arpía rió por lo bajo, para luego enderezarse por completo y mirarnos directamente.
- ¡Hyo-chan, ven a ver quien ha venido a verte! –Falsa y venenosa voz  llamaba al inocente, como la sucia víbora que era.
Presa del miedo por lo que iba a ocurrir, tomé a Hyde del brazo y nos dirigimos a una puerta tras de nosotros, en la cual él entró, cerrándola suavemente justo antes que los pequeños pasos se detuvieran a unos metros de mí.
- ¿Mamá? … -Preguntó sin saber lo que ocurría, para luego voltear hacia mí, regalándome su mirada de felicidad- ¡Tío Gacktchan! –Y corrió para darme un gran abrazo.
- Hyo-chan ¡Mira que grande estás! – Y me puse de cuclillas para recibirlo. Se veía tan tierno usando aún su uniforme de primaria.
- ¡Tio Gacktchan, ¿Cuándo volviste?! ¿Cómo te fue? ¿Eres un samurai otra vez? ¿Me enseñas a usar una katana? –Su entusiasmo desbordaba en mil preguntas y hacía brillar sus ojitos, esperando ansioso mi respuesta.
- ¡Wow! ¿No crees que son muchas preguntas de una sola vez? –Me devolvió una gran sonrisa, riendo luego por las cosquillas que le hacía. – Veamos… volví hace dos días, me fue muy bien y sí, he vuelto ha ser un samurai, pero tú, pequeño preguntón, -Toqué su nariz rápida y cariñosamente, haciendo que se la cubriera con ambas manos risueño.-  no tienes edad para blandir una katana.
- ¡Oh, por favor! No mataré nada, lo prometo. –Su promesa me hizo reír, pues mi temor no era que hiriera a alguien, sino que se hiriera él mismo.
- Si me escucharas y aprendieras Kendo, podrías usar una katana sin sacarte un ojo. –Mi comentario causó que su boca se entristeciera, rodando sus ojos hacia el piso.
- Sí quiero aprender, pero… -Y miró de reojo a su madre, quien le sonreía ampliamente, mueca que para mí era una completa farsa. -…pero mamá no cree que sea algo importante de aprender…-Comentó con tristeza y bajando su tono de voz.
- No creo que tu mamá sepa bien de lo que trata el Kendo.-Dije fríamente mirándola.-  Uhmm, ¿te gustaría que te enseñara?
- ¡Sí! ¡Sería genial! Seré un buen alumno, lo prometo tío Gacktchan –Y me sonrió ladeando su cabeza levemente, lo cual por una extraña razón acentuó su parecido con Hyde.– Ne, tío, ¿Has visto a mi Otochan?
- Sí, lo vi y me ha pedido que te mande mil abrazos y besos de parte de él, ¡Así que ven a recibirlos! -El pequeño se abalanzó nuevamente hacia mí, feliz de recibir sus cariños.
- Otochan vendrá para mi cumpleaños, ¿Verdad? –Sus ojos brillaron de ilusión, mas no ocultaban su preocupación de recibir un no como respuesta.
- ¡Claro que vendra! ¿Cómo podría perderse tu cumpleaños? –Y revolví su oscuro cabello, pero era hora de despedirme de él. – Nee, Hyo-chan, debo irme ya y apuesto a que tienes mucha tarea que hacer. Dame un abrazo, pequeño…
- ¡Ah, tió! Vuelve luego, ¿Ne? –Dijo mientras me abrazaba cariñosamente. Como pasaba el tiempo, iba a cumplir 7 años ya.– Y mandale mis besos y abrazos a mi Otochan, ¿Ne?
- No te preocupes que yo le diré. – Y se fue corriendo con entusiasmo hacia la gran escalera que yacía en el fondo del living.
Cuando el sonido de sus pasos se apagó, la puerta tras mío se abrió, para ver a Hyde salir con una mirada de rencor que nunca antes le había visto. Sus pasos se dirigieron directamente hacia Megumi, pasando a mi lado, para detenerse frente a ella sin decir palabra por unos segundos.
- Averigua cómo solucionar todo esto o desearas no haber nacido. –Grave y carente de emoción sonó su voz. En seguida camino raudamente hacia la salida.
- No creas que te saldrás con la tuya esta vez. El que seas madre de Hyo no volverá a salvarte. –Su horrible sonrisa se borró para dar paso a indignación y rabia, mientras nos veía marchar.

    Sus coléricos pasos se dirigieron arduamente hacia mi mueble de licores, sirviéndose un Whiskey triple, acabándolo casi por completo de una vez. En seguida comenzó a caminar de un lado a otro con sonora y agitada respiración y los puños apretados.
- Calma, calma… -Dejé las llaves en el mueble para tomarlo de los hombros y detener su furioso caminar, sin embargo no dejaba de hacer esa rabiosa respiración, que junto a los ladridos de los cachorros al escucharnos llegar, estaban haciendo que también me sintiera irritado.
- ¡Maldita sea, ¿Cómo quieres que me calme, Gackt?! –Soltó de una buena  vez, dirigiéndome su mirada enrabiada. - ¡¿Cómo mierda fui tan tonto para dejar que todo esto pasara?! –Y se soltó bruscamente de mí, volviendo a caminar de un lado a otro.
- No debes culparte, es esa arpía la que generó todo esto. –Trate de calmarlo nuevamente, pero él volvió a tomar su vaso para vaciarlo y servirse otro triple.– Ahora de nada sirve enojarse así, hay que concentrarse en buscar la solución, no a empeorar todo. –Y le quité el vaso que ya iba en la mitad. Traté de sentarlo frente a mí, mas él viró en mi contra para volver a caminar enrabiado.
- ¡Pero yo permití que todo esto pasará! ¡Yo y mi ciega estupidez! –Antes que lo viera me arrebató el vaso de las manos y lo vació rápidamente. Odiaba que se hiciera eso, bebiendo con esa rabia no arreglaría nada.– ¡¿Cómo fui tan estúpido para no detenerla antes?!
- ¡¡Hey, para!! –Le grité enojado, quitándole la botella de las manos. Su mirada me fulminó terriblemente; era la primera vez que lo veía tan enojado y herido, mas no aflojé mi mirada de desapruebo.– ¡Ya lo hecho, hecho está! ¡Ahora no sacas nada con beber y maldecir así! Sólo empeorarás todo…
- ¡Pero…! ¡Pero ¿Has pensado que puede no haber una solución?! ¡¿Eh!? –A pesar de la violencia con la que me hablaba, podía ver el temor en sus ojos, los cuales pasaron a estar fruncidos a afligidos luego de recibir mi silencio. - … ¿Qué voy a hacer si no hay una solución? … si…si tengo que quedarme así para el resto de mi vida… -Por fin se había quedado quieto, pero su tristeza había vuelto. - … nunca mas podré ver a Hyo…
-  No digas eso. –Fui cortante con él, no podía simplemente deprimirse y no luchar. – Nunca más digas eso. No puede simplemente no haber una solución, eso lo dices porque no la has buscado. –Bajó su mirada y volvió a respirar sonora y agitadamente, apretando su boca y puños.– Todo en esta vida tiene solución, mil y una veces te lo he dicho. –Quería abofetearlo por seguir haciendo esa irritante respiración, pero en vez de eso lo abracé con fuerza, a lo cual el no respondió al principio. –Sigues siendo un rabietas…
- Déjame… ¡Déjame! –Forcejeaba conmigo, ofendido por mis palabras, sin embargo al final dejó de pelear, agachando la cabeza y apoyándola de lado en mi pecho, suspirando con rabia y pesar.
- No vuelvas a decir estupideces. Sabes muy bien que existe una solución y los dos juntos la buscaremos y la encontraremos. –Seguí firme, pues estaba decidido a no dejar que la arpía ganara nuevamente, esta vez me las iba a pagar.– Te prometo… te prometo que antes del cumpleaños de Hyo volverás a ser tú…ahora… es mejor que descanses, sé que es temprano, pero es mejor que duermas y dejes de pensar en todo esto por un momento…
  Puse mis manos en sus hombros para obligarlo a que me enfrentara. Demoró en levantar su mirada, era como un niño taimado, mas entendía el por qué de toda esa desesperación ante aquella situación. Cuando sus ojos por fin enfrentaron a los míos, fue inevitable ver el daño de la tristeza en ellos, empero ya no los dominaba como antes. Me dedicó una sonrisa apretada, agradecida pero aún conteniendo su enojo, para luego asentir levemente y dejar que lo encaminara a su habitación.
No pasaron más de 20 minutos cuando desde la cocina escuché los ladridos de los cachorros en su pieza y luego el fuerte rugido de un auto que se alejaba. Me causo inquetud; los pequeños ladraban así sólo cuando alguien llegaba o se iba…”O se iba…” resonó en mi mente, por lo que rápidamente me dirigí al lobby, en donde me di cuenta que la botella de Whiskey y las llaves del auto ya no estaban en el mesón. En seguida me dirigí a la ventana para encontrarme con lo peor que podía esperar.
-¡¡Mierda!! –Exclamé al asomarme a la ventana y ver correr a lo lejos el Lexus. 

*No se si han oido a Gackt decir aquella frase en japonés, que sería "Ah...ikō ka?" En varios videos la he escuchado y me gusta mucho como suena su voz y la frase en sí.

P.S: ojo con los links en los nombres de los autos, los puse para que se hicieran una idea de ellos mientras leen.

domingo, 2 de enero de 2011

[FIC] Esa sonrisa es un Pecado. Capítulo II.- Claustrofobia

II.- Claustrofobia

Por más que trataba de avanzar, mis esfuerzos eran neutralizados de inmediato. No lograba ver con claridad, era como si estuviera envuelto en el humo de miles de cigarros invisibles que me acorralaban. Miles de hombros extraños me empujaban  fríamente al pasar, impidiendo que fuera al lugar que debía llegar. Por más que los empujara y les gritara, mi voz se distorsionaba en graves y extrañas cacofonías, y mis golpes y empujones no los sentían, no les importaba, era como si no me vieran ahí en medio de esa mar de inercia que eran, luchando para no ahogarme y convertirme en uno más de ellos. Fugaces luces de neón me encandilaban, debilitando mis intentos, volviéndome aún más invisible de lo que era, más insignificante, innecesario. Una chica en uniforme golpeó mi pecho con su codo al pasar, lo cual hizo que me agachara y cubriera donde me había pegado con mis brazos; en seguida el aire empezó a faltarme, la multitud se había estrechado aún más a mi alrededor, dándome la sensación que desde arriba mi cabeza ya no se vería entre ellos.  Extraña sensación rasguñó mi pecho, al bajar mi mirada el horror me paralizó; bajo mis brazos la chaqueta y polera se habían desecho, dejando un agujero, el cual al tocar sentí como mi piel también se deshacía en  humo y polvo, esparciéndose rápidamente a la mano que lo había tocado y por todo mi cuerpo, el cual ya no era mi cuerpo, sino que una masa de carne y huesos de extrañas medidas que desaparecía sin que nadie hiciera algo para impedirlo. Desaparecía, me desvanecía. Quise correr, patear a quien se me cruzara y salvar lo poco que quedaba de mí, mas estaba paralizado, ya nada podía hacer.
- AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!! – sobresaltado y sudoroso, me senté de golpe en la cama. Me faltaba el aliento; había gritado más de lo que creía poder.
Miré a mí alrededor y me sentí perdido. No reconocí lo que me rodeaba, no era mi habitación, una amplia puerta frente a mi estaba cerrada. Voces masculinas y ladridos de perros pequeños se escuchaban a lo lejos.
- Hey, ¿a que le ladran tus perros??  - pregunto una voz gruesa.
- Ehh… no lo se, debe ser a un gato. No le prestes atención- La voz de Gackt algo nerviosa y eclipsada por los agudos ladridos de sus perros. Ahora que recordaba, no los había visto.
Al parecer eran hartos, pues se escuchaban muchos ladridos, los cuales ya habían llegado a mi puerta. Los rasguños de pequeñas patitas y golpes de algunas colas me ponían nervioso, ¿y si alguien venía a ver que los había alterado? . Desenredé las tapas de mis pies lo más rápido que pude para ir al baño, mas al llegar a la puerta recordé por qué había llegado a la casa de Gacktchan….creo que la palabra “Incomodidad” describe completamente mi situación en aquel momento. Al pasar frente al espejo, me detuve a observarme detenidamente por primera vez; el reflejo que me devolvía una consternada mirada era perturbador…… sólo reconocía mis ojos. Toque mi rostro con ambas manos, y me sentí pequeño. Mi rostro era más ovalado y pequeño de lo que recordaba, mis manos también, pero mis dedos de se veían mas largos.
- ¿En qué lío te has metido esta vez…? – pregunté con un hilo de voz a aquel reflejo femenino, el cual no sabía como responder.
El sonido de ladridos exaltados llamó mi atención; me asomé por la puerta del baño y pude escuchar pasos humanos acompañados de una voz que trataba de calmar al los cachorros. Cerré de inmediato la puerta con llave, apoyando mi espalda en ella, temiendo que alguien me descubriera ahí. Lentamente el cerrojo de la puerta se abrió, y escuché como los perritos se apoderaban de la habitación, ladrando y buscando; más pasos humanos. ¿Qué iba a hacer? ¿Podría salir por la ventana?. En seguida sentí como alguien rodaba el picaporte de la puerta en que me apoyaba, logrando que mi miedo aumentara.
-Hyde, ¿estás ahí? – suspiré aliviado al escuchar a Gacktchan al otro lado.
- ¡Hyde no se encuentra por ahora! – dije, mientras me apretaba la nariz para distorsionar mi voz, aunque con la voz que tenia ahora no era muy necesario. – ¿Quiere dejarle un mensaje, señor?
- Haha…sí, quiero dejarle un mensaje, etto…déjeme ver…. – Gacktchiin reía por lo bajo mientras me respondía.
- Apúrese señor, no tengo todo el día para ud. – me apoye en el borde de la puerta para que pudiera escucharme, mientras trataba de contener mi risa.
- Bien, bien, dígale que es un completo…- y de golpe la puerta se abrió, haciendo que casi cayera al suelo - …¡Baka! – Gackchan casi grito en mi cara cuando me atajó al abrir la puerta.
-¡Ahh! ¡¡tu eres el baka!!- le dije mientras le golpeaba para zafarme de él. Los perros ladraban a nuestro alrededor. – ¡Wuaaaaa! ¡Son muchos! ¡Que tienos! – Gacktchan me solto al ver que uno de ellos apoyaba sus patitas en una de mis piernas y ladeaba su cabeza al mirarme.
- Te los presentare – y tomo al que me había mirado. – Él es Colley, es mitad Chihuahua y mitad Mini-Dachshun y no se por qué me hace acordar a ti – me ofreció al perrito, mirandolo con ternura.
- ¿¿A mi?? ¿En serio? – lo tome con cuidado. Tenía el cuerpo de color café claro y sus patitas y pecho blancos, en verdad era muy tierno. Mientras lo miraba no dejaba de mover su pequeña cola, y cuando me descuide sentí su lengua acariciar mi cara; fue algo extraño, ya que hace mucho que no tenía un perrito.
- Ella es Lucy, y es mitad mini prinsher y mitad Pomeranita – puse a Colley en el piso, para al levantarme encontrar a Gacktchan mostrándome a una perrita oscura y con rasgos parecidos a lo que recordaba que era un chihuahua – ven, tómala, no te morderá.- dijo al ver que dudaba en tomarla, pero no quise rechazarla, pues lo veía  muy entusiasmado en su presentación.
-¿Y ella no te recuerda a nadie? – pregunté con un dejo de risa, sólo para fastidiarlo un rato.
-Uhhmmmm…déjame ver…te diría que me hace acordar a ti como estas ahora, pero te enojarías – y me miró de reojo, mientras trataba de tomar a otro perrito.
- ¡Ahó*!- golpeé su cabeza de un solo manotazo, aprovechando que estaba agachado. Él sólo rió como el tonto que es, dejando que los pequeños se le apoyaran en sus piernas.
Le hice cariño en la cabeza a la bella Lucy y la dejé en el piso con los demás, con lo cual Gackt se aprovechó para ponerme otro perrito en mi cabeza.
- Ella es Milky…es.. es mitad Chihuahua y mitad Mini-Dachshun…- trataba de contener la risa, mientras sostenía al cachorro en mi cabeza y cuello, con lo cual no podía levantarme, pero no pudo más y se partió de la risa.
Estaba un poco fastidiado ya, quería levantarme y la perrita empezaba a moverse mucho y a lloriquear, mas hacía mucho tiempo que no veía a Gacktchan reír así por estupideces como esa, así que preferí aguantar un rato mientras el reía a carcajadas. La perrita empezó a llorar aún más, logrando que él, aún muerto de la risa, la sacara de mi cabeza, meciéndola un rato y haciéndole cariño para luego entregármela.
- Ahh… tienes un loco padre, pequeña, lo lamento – le comenté a la perrita, acariciando su cabeza.
- Y ella es la líder de todo mi pequeño clan: Angie – y al levantarme vi como Gacktchan acunaba a una pequeña perrita peluda de pelaje negro, a excepción de sus patas y boca que eran café. Sus ojos se dirigieron tímidamente hacia mí, con lo cual morí de ternura. -  es una mezcla de un puddle miniatura y chihuahua.
- ¡Aww, que tierna! – La recibí con cuidado, con lo torpe que era no quería botarla y ganarme la ira del papá orgulloso.- ¡que líder más bella!¿o no, Angie? Sí, la líder más tierna.
- Me gustaría que estuvieran un rato contigo, así se acostumbran a ti y no ladran por toda la casa – mientras me decía esto, noté que andaba vestido completamente sport: polera negra suelta, con un estampado del tour “Sixth Day and Seventh Night” del 2004, short largo de buzo negro y unas pantuflas azules con estampados de patitas de perro de color celeste por todos lados. – Estaré unas horas con el staff de Nemuri Kyoshiro ensayando, pronto tendremos la presentación, pero apenas termine vendré a buscarte.- se había sentado en la cama, lo cual yo también hice e inmediatamente todos los perritos intentaron subirse a ella.
- Oye, ¿Por qué los lentes? – quise saber, al verlo tan sport, pero con lentes de sol grandes y oscuros. Dejé a Angie en la cama, para ver luego como Gackt tomaba uno a uno los demás perritos y los depositaba junto a ella.
- Ah, es que a los chicos les gusta sacar fotos de repente y así estoy preparado – tocó sus lentes, acomodándolos. – el flash es horrible cuando me llega directamente y además no estoy usando los lentes de contacto.
-Ahh…- y enseguida recordé que a Gacktchan le gustaba la baja iluminación, cosa que a veces me molestaba un poco. – ¿Hace un rato no escucharon nada raro? – recordé el grito que se me había escapado al despertar.
-¿Heh? ¿raro? Algo así….¿como un grito? – me miró directamente, acercando rápidamente su cabeza a la mía, lo cual me sobresalto.
- Ee, algo así… - miré apenado mis pies, quizás que cuento tuvo que inventarles a sus invitados. – es que tuve una pesadilla…. Y desperté gritando, gomen…
- Ahh~~, no te apenes tanto, tan sólo yo lo escuché, los demás ni se dieron cuenta -  y se acercó para revolver mi pelo, no sé por qué le gustaba tanto hacer eso ¿acaso para molestarme? 
- ¿Honto? – eso me extraño, pues sentí que en verdad había gritado muy fuerte.
Mientras platicábamos, Angie se había acurrucado en las piernas de Gacktchan y los demás correteaban a nuestro lado en la cama
- Ee~, porque estábamos en el gimnasio que esta alejado de esta pieza, sólo los pequeños y yo lo escuchamos. -  volvió a revolver mi pelo, ya me estaba hartando eso.
- Oh!, mira! – y señale a los perritos a nuestra espalda, para distraerlo y quitarle los lentes,  alejándome de su alcance – ¡¡Tengo tus lentes~~!! Tengo tus lentes~~!!
- ¡Hey, chibi akuma! ¡Devuélveme eso! – dejó a Angie en la cama para ir tras mió, casi me atrapa, pero salte por sobre de la cama y corrí al otro lado de la pieza, rodeando el grupos de pequeños sillones que habían en esa esquina. – ¡Ven aquí!! ¡Me las pagaras!
- ¡Tengo tus lentes~~! ¡Y no me alcanzas~! -  reí con ganas, mientras rodeaba nuevamente los sillones para dirigirme al otro extremo, pero al tratar de esquivar uno de los sillones que Gacktchan había movido al pasar, estuve a punto de caer, lo cual él aprovechó para jalarme del brazo, frenando mi huida.
-¡Ahora verás, koakuma malcriado! – Trató de quitármelos, pero yo me agaché para esconderlos, pues de nada me servía ponerlos en alto.- ¡¡dame mis lentes, maldita sea!!
 - ¡¡Ñaaa~~!! ¡¡Son míos ahora!! – Reí maliciosamente en mi mente, ya lo había hecho enfadar, era muy chistoso hacerlo  enfadar.
Seguí escondiendo sus lentes, dándome vueltas para que no los alcanzara, mientras intentaba hacerme cosquillas, y tratando de correr, pero el siempre me tiraba del brazo impidiendo que me moviera de ahí. Por un momento pensé que podría escapar, pues Gacktchan se distrajo con los ladridos de los cachorros, sin embargo cuando me levante para correr, él tapó mi camino abalanzándose hacia a mí, por lo que instintivamente escondí los lentes en mi espalda, pero Gackt actuó más rápido, abrazándome para buscar en mi espalda. Esto me tomó por sorpresa; no habíamos estado tan cerca desde que había llegado, y la nueva contextura de mi cuerpo hacía que me cohibiera al estar así.
- ¡¡Yo~~shi!! ¡Los tengo! – Se alejó alegremente celebrando, mientras yo quedaba de piedra aún ahí. Había visto su chocolatada mirada tan cerca de mi rostro, que sentí que casi no respiraba. - ¿Ara? ¿Y a ti que te pasa? – se acercó mirando curioso, esta vez con sus lentes puestos.
- Agh…eh…es que me asusté… pensé que venía alguien – invente, desviando mi mirada al sentir que el rubor me subía al rostro. Sin aviso alguno uno de sus dedos apretó mi mejilla izquierda, sobresaltándome.
- Últimamente estás más asustadizo de lo normal. – comentó con naturalidad, mientras yo lo miraba con enojo al ver que se reía de mí, protegiendo mi mejilla apuñalada.
- ¿Heh? ¿Más de lo normal? ¿Insinúas que soy asustadizo? -  ya volviendo a la normalidad, mas a último momento noté que había hecho un puchero que odiaba, casi era un tic cuando me enojaba.
- Sí~, a pesar que eres un akuma, eres muy asustadizo. – dijo con voz divertida, posando su mano en mi cabeza y moviéndola tontamente de un lado al otro.
- Déjame~~ - traté de zafarme, pero su mano parecía pegada a mi cabeza, me estaba desesperando – ¡¡Aaaaaaahhww!! ¡Suéltameeeeeee!
- ¡Pareces niño chico! – se burló, riendo gravemente de buena gana,  para luego soltarme bruscamente.
Lo miré enojado, mientras me alejaba de él para sentarme en uno de los sillones. Fue entonces cuando recordé por qué Gacktchan vestía tan sport.
- Oye, adulto responsable, ¿se te olvidaba que deberías estar ensayando? – su mirada se volvió súbitamente hacia mí, y sin siquiera ver sus ojos supe que los había abierto de par en par. Por mi parte sólo le sonreí malicioso, pues sabía que le había quitado gran parte de su tiempo agendado para ensayos.
- Te dejaré aquí a mis hijos, cuídalos y si los subes a la cama o al sillón, vigílalos porque se bajan solos y se pueden herir – no quiso hacer comentario de mi burla y empezó a bajar de a uno los perritos de la cama, siendo rodeados por ellos.
En seguida Colley se dirigió hacia donde estaba sentado, mirándome de nuevo con esa ternura irresistible.
- Quieres que te traiga comida, algo para beber – y lo miré considerablemente cuando dijo “algo para beber”, a lo que él me devolvió una mirada un tanto de desaprobación, pero divertida. – con los chicos hicimos un poco de comida, te traeré un poco. Cualquier cosa que necesites ve a mi armario, ahí están guardadas las ropas que dejaste la otra vez que te quedaste. – dijo ya afuera, sosteniendo la puerta y poniendo un pie como barrera para que los perritos no salieran con él.
- ¿Pero y si me ven? – en verdad quería  como sea evitar ser visto por alguien más así.
- No te preocupes, los mantendré en el gimnasio, además las presentaciones son el 26 y 28, tenemos mucho que trabajar. – se agachó para hacerle cariño a los cachorros y jugar con ellos; los hacía retroceder y ellos volvían animada y rápidamente a sus pies.
- Y… ¿Qué día es hoy?…- no recordaba la fecha en que habíamos ensayado por última vez para el Halloween Party, lo cual me alarmó.
En cambio Gackt me miró y se puso a reír, negando con la cabeza.
- Sigues siendo tan despistado como siempre, chibi  - ante su comentario, lo miré con enojo. Odiaba que me llamara “chibi”.- Hoy es 24 de octubre, despistado-san. Iré a buscar tu comida o si quieres vienes conmigo a la cocina, así me ahorras la vuelta.
- No, ya te dije que no quiero que alguien me vea. – le respondí de mala gana.
- Y yo ya te dije que nadie te verá, no saldrán del gimnasio, cabezota~ - me seguía mirando en la puerta, mas su posición hacía difícil verme, el sillón en que estaba se situaba a unos metros tras la puerta.-  te serviré y luego me iré al gimnasio.
Preferí no responderle y mirar al frente, cruzando mis brazos. Él sólo rió por lo bajo de mi actitud.
- Bien, como quieras, pero tarde o temprano saldrás de aquí. – se despidió de Angie y los demás con un pequeño cariño en sus cabezas. – Más tarde vendré por ti, saldremos a resolver este lío.- y cerró suavemente la puerta tras de sí.
¿Saldremos? ¡¿Saldremos?! Puse mis manos en mis sienes al pensar en todo lo que se venía sobre mí como una avalancha. El Halloween Party sería en 5 días, lo cual me dejaba con un plazo de 5 días o menos para arreglar todo este desastre. De ningún modo podía presentarme frente tanta gente así, no me reconocerían o peor que eso, me reconocería pero no sabrían como reaccionar al ver en lo que me he convertido. Este realmente era el peor de los desastres por el cual había pasado, y más aún tan cerca del cumpleaños de Hyosuke, al cual por ningún motivo debía faltar. Y peor aún era que ya sabía a donde Gackt quería ir, lo que no mejoraba mis ánimos para nada, sino que me deprimía aún más. Si bien sabía todo el daño que ella había causado en mi vida, mi corazón aún no quería sanar; sabía muy bien también que ya no quería estar con ella, empero  parecía no querer estar con nadie más, sentía como si hubiera perdido mi confianza y en su lugar me quedé con un miedo horrible de volver a ser tan mal herido, encogiéndose aún más  mi corazón. Pero a pesar de todo, sé que he recibido un regalo por todo lo que he pasado: Hyosuke. Por él volvería a vivir todo el dolor y más, pues con su nacimiento recibí la razón para seguir luchando. Y es por él que me tragaría mi orgullo y todo el dolor para ir donde sea Gackt digiera, todo con tal de volver a ser el de antes.
Los cachorros jugaban a mis pies tiernamente, tratando de llamar  mi atención cuando decidí ponerme de pie y seguir a mi amigo; tenía hambre y además debía empezar a ser menos cabezota y confiar más en él, ser más yo mismo y confiar como lo hacía hace unos días atrás.

* Se refiere a como se dice estúpido en Japonés.